La “limpieza del Riachuelo” está prácticamente en cero

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Por Dr. Daniel Cassola

La supuesta limpieza de la cuenca del Riachuelo debe ser el proyecto más opinado, difundido, criticado y, por sobre todas las cosas, el menos realizado de los últimos año de historia argentina. Desde los mil días de María Julia Alsogaray hasta Juan Cabandié intentando pescar en un bote, son muchos los funcionarios que han hecho campaña pero prácticamente nada se ha hecho.

La “historia contemporánea” de la limpieza del Riachuelo se puede comenzar con el fallo de la Corte Suprema de la Nación en el año 2008. Vale recordar que se llegó a esa instancia por un caso impulsado por asociaciones de vecinos de La Boca y Quilmes, preocupados por el deterioro de su salud ante la contaminación del agua frente a la que viven.

Lo primero que dijo el gobierno en aquel momento al iniciar el saneamiento fue que el primer paso para la limpieza consistía en dejar de ensuciar. Primera cuestión que no se cumplió. El ingeniero químico Julio Torti, titular de la Acumar (entidad encargada del saneamiento), informó que por segundo se vierten entre 12 y 15 metros cúbicos de agua contaminada que no cumple con los estándares. Para imaginar la cuestión de manera más gráfica, el funcionario dijo que es como si se tirara, por segundo, una combi llena de líquido contaminado. Difícil limpiar lo que no para de ensuciarse.

En los próximos días la Acumar presentará un plan para encarar un plan a futuro con metas realistas, sin anuncios rimbombantes. De 2008 a hoy, Torti destaca que hay un puñado de cuestiones que se hicieron bien (el camino de sirga, la relocalización de viviendas, la limpieza de márgenes) pero que nada se hizo para mejorar la calidad del “cuerpo de agua”. Es más, Torti sostiene que “el agua sigue igual que hace 20 años”.

¿Qué cabe esperar del futuro? En principio se va a presentar un plan con algunos puntos a cumplir para el año 2023, para lo que recién sería la primera etapa de un saneamiento. Se focalizará en el mejoramiento de las cloacas, se continuará con las inspecciones bajo criterios ambientales a las empresas de la cuenca y se continuará con la relocalización de viviendas.

Las nuevas autoridades de la Acumar destacan que lo que se debe hacer “es un trabajo de hormiga”. El ejemplo más común que se suele poner para hablar del saneamiento de una cuenca es el del río Támesis, en Londres. Torti, que viajó a Inglaterra para adentrarse de la experiencia inglesa, contó que allí se empezó a trabajar y no se paró durante 40 años, el tiempo final que tardó el proceso de limpieza.

¿Se podrá llevar adelante en Argentina un trabajo continuo durante cuatro décadas?

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