La producción de la vacuna Sputnik V en Argentina puede ser una solución a mediano plazo


El laboratorio Richmond ya elaboró 21 mil dosis que envió a Rusia para realizar un control de calidad. Podría fabricar un millón de vacunas a partir de junio. El proyecto es exportar de aquí a América Latina en el futuro próximo. En el corto plazo Argentina depende de las vacunas que lleguen del exterior.

Por Dr. Daniel Cassola

Los anuncios de ayer sobre la posibilidad de fabricar una vacuna en Argentina son una buena noticia, sobre todo, para el mediano plazo. Bajo la supervisión del Instituto Gamaleya se podrían elaborar un millón de dosis por mes de Sputnik V aquí en la provincia de Buenos Aires. El proyecto consta de distintas etapas. La actual es la aprobación de lo que está hecho hasta ahora. Para eso se enviaron a Moscú las dosis que ya se elaboraron en el laboratorio Richmond.

Según informó el dueño de la empresa, Marcelo Figueiras, ayer en una entrevista, el proyecto tiene distintas etapas. Si los rusos aprueban el trabajo realizado hasta ahora en junio comenzará lo que llaman la “producción masiva”, que podría llegar al millón de dosis por mes. En un tiempo que no fue estipulado con precisión ese volumen podría escalar a los cinco millones de dosis por mes. A partir de 2022, luego de la inauguración de una planta que está en construcción en Pilar, se podrían fabricar hasta 500 millones de dosis por año, lo que no solo cubriría la demanda interna sino que además se exportaría a otros países de la región.

Desde el punto de vista estratégico para los rusos es una buena iniciativa. La de ellos sería la primera vacuna fabricada en América Latina, luego de los traspiés del proyecto de AstraZeneca, y les permitiría consolidarse como proveedores. Es más que probable que las campañas de vacunación contra el coronavirus se tengan que repetir por varios años, por lo que contar con una fábrica aquí es un negocio redituable en el mediano plazo y quizás en el largo también, lo que dependerá de la evolución del virus.

La denominación de la vacuna continuará siendo Sputnik, porque esa es la marca, mientras que el proyecto en el que el Estado participa se llamará VIDA (Vacuna de Inmunización para el Desarrollo de Argentina). Consta de un fideicomiso para financiar tanto el desarrollo de la fabricación de la vacuna como para financiar la construcción de la planta. En el corto plazo, además, el Estado será el único cliente del laboratorio para adquirir la vacuna.

Para fabricar la vacuna se necesita del principio activo, insumo que será importado de Rusia. Esa materia prima llega congelada, a 60 grados bajo cero, y el resto del proceso se realizará aquí. En un comunicado oficial, el Fondo Oficial de Inversión Ruso (RDIF) informó: “Argentina se ha convertido en el primer país de América Latina en comenzar la producción de la vacuna Sputnik V. RDIF y sus socios han realizado una transferencia de tecnología para Laboratorios Richmond; el primer lote producido será entregado al Centro Gamaleya para el control de calidad del medicamento. Está previsto que la producción a gran escala de Sputnik V en Argentina comience en junio”.

Como es sabido por la dura experiencia que llevamos en la pandemia todavía hay muchos elementos que pueden fallar. La fabricación de estos productos biológicos es sumamente complicada y hay problemas inesperados que pueden surgir. De salir bien es una solución a mediano plazo. En el corto se seguirá dependiendo de las vacunas que se puedan comprar e importar. Todavía la segunda ola no alcanzó su pico. Los casos continúan al alza aunque con un ritmo menor. La tensión sobre el sistema sanitario avanza con mayor ritmo que la vacunación. En definitiva, es una buena noticia pero todavía no la solución del problema.

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