La retirada da cuenta de la falta de madurez democrática

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El intendente electo de Malvinas Argentinas, Santiago Nardini.

Por Dr. Daniel Cassola

Más allá de lo que suceda en el ballotage se vienen tiempos de cambios en la política. Las transiciones ya comenzaron y lejos del orden estamos viendo escenas realmente escandalosas.

Ayer comentamos las tomas de tierras masivas y los nombramientos de personal que ocurrieron en Merlo. Y también la locura que se vive en la ciudad de Concepción, Tucumán, donde los nuevos funcionarios están atrincherados por los empleados que designó el último decreto de la gestión saliente.

Pero no son los únicos casos. El intendente saliente de Malvinas Argentinas Jesús Cariglino, en la última sesión del Concejo Deliberante, se aumentó el sueldo tanto a él como su personal jerárquico. Cobrará 138 mil pesos en el último mes de sus funciones. Además, pasó a planta permanente a 4000 trabajadores municipales que estaban becados. Antes de estos nombramientos masivos, el municipio contaba, en planta permanente, solo con 300 empleados.

Quien reemplazará a Cariglino, el intendente electo Santiago Nardini, además sostiene que se están llevando estufas, pantallas de LED y aires acondicionados de hospitales y otras dependencias municipales.

Este tipo de situaciones se replica en diferentes localidades. En Magdalena, provincia de Buenos Aires, el intendente electo Gonzalo Peluso, de Cambiemos, contó que el presupuesto que le dejan consiste en el pago de salarios en un 98 por ciento. Incluso reveló que teme no poder pagar los servicios, como la luz o el agua.

La situación, en algunos lugares, supera lo bizarro y lo grotesco. En La Plata, personal de Justicia está investigando una serie de denuncias policiales porque se están robando los juegos de las plazas. Además se desmantelaron cámaras de seguridad.

La última trampa que están dejando instalada en los municipios son los pagos. Son muchos los que patean a los proveedores para diciembre, para que los tenga que afrontar la administración que ingresa.

Todo esto demuestra una gran falta de cultura democrática en los dirigentes. En primer lugar, muchas de las cosas que comentamos son lisa y llanamente delitos. Luego, tratar de imposibilitar la gestión de quien fue democráticamente elegido es una trampa que está en disonancia con los valores democráticos.

Luego de más de 30 años de democracia, todavía nos queda mucho por aprender y mejorar.

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