La vacunación pierde cobertura en Argentina y crece el riesgo de que regresen enfermedades prevenibles
Argentina enfrenta un marcado descenso en las coberturas de vacunación que preocupa a las autoridades sanitarias y a las sociedades científicas. Aunque todas las vacunas del Calendario Nacional continúan siendo gratuitas y obligatorias, ninguna alcanza actualmente el 95% de cobertura recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF para garantizar la inmunidad colectiva.
Por Dr. Daniel Cassola
La caída sostenida registrada en los últimos años aumenta el riesgo de reaparición de enfermedades que durante décadas permanecieron bajo control, como el sarampión, la rubéola o la poliomielitis.
Los datos más recientes de la OMS y UNICEF, correspondientes a la revisión 2025, muestran que el deterioro comenzó tras la pandemia de COVID-19 y se profundizó entre 2022 y 2024. El problema afecta especialmente a los niños que ingresan a la escuela y a los adolescentes, grupos en los que varias vacunas presentan coberturas muy inferiores a las metas sanitarias.
Uno de los indicadores más preocupantes corresponde a la segunda dosis de la vacuna triple viral, que protege contra sarampión, rubéola y paperas. Mientras en 2014 alcanzaba una cobertura cercana al 96%, en 2024 descendió hasta el 46%, una reducción de 50 puntos porcentuales.
La situación también se refleja en otras vacunas esenciales del primer año de vida. La tercera dosis contra difteria, tétanos y tos convulsa cayó del 94% al 75%, el mismo descenso registrado para la vacuna contra la hepatitis B y la destinada a prevenir infecciones por Haemophilus influenzae tipo b. La cobertura de la BCG, que protege contra las formas graves de tuberculosis, disminuyó del 99% al 81%, mientras que la primera dosis de la triple viral pasó del 95% al 82%.
Entre los niños de cinco años, el panorama resulta aún más preocupante. Las coberturas de la segunda dosis de la triple viral, la vacuna contra la varicela, la triple bacteriana y la antipoliomielítica rondan apenas entre el 46% y el 48%, muy por debajo del umbral necesario para evitar brotes.
En la adolescencia también se observa un retroceso importante. La vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), que previene distintos tipos de cáncer, alcanza apenas al 55% de las niñas y al 51% de los varones de 11 años. La cobertura contra el meningococo ronda el 52%, mientras que la triple bacteriana acelular llega al 54%.
Los especialistas coinciden en que ninguna de estas cifras permite garantizar la inmunidad comunitaria. Cuando disminuye la cantidad de personas vacunadas, aumenta la posibilidad de que virus altamente contagiosos vuelvan a circular, especialmente si ingresan desde otros países donde existen brotes activos.
Las causas de este descenso son múltiples. Una de ellas es la denominada «paradoja del éxito»: gracias a décadas de vacunación sostenida, enfermedades como el sarampión prácticamente desaparecieron de la vida cotidiana, lo que llevó a muchas familias a percibirlas como un problema del pasado y a postergar las aplicaciones.
A este fenómeno se sumó el impacto de la pandemia. Durante 2020 y parte de 2021 numerosos controles pediátricos fueron suspendidos o demorados y muchas personas nunca recuperaron los esquemas pendientes. Los especialistas advierten que todavía existen cohortes de niños y adolescentes que no completaron las dosis correspondientes.
Las dificultades económicas también influyen. Para muchas familias, el costo del transporte hasta un vacunatorio, la pérdida de horas laborales o la necesidad de priorizar otras urgencias terminan retrasando controles que deberían realizarse en edades específicas. Otro factor señalado por los expertos es la creciente circulación de información falsa en redes sociales, que alimenta dudas sobre la seguridad y la necesidad de las vacunas.
Además, casi la mitad de los niños menores de cinco años no asiste al jardín de infantes, un ámbito donde históricamente se verificaba el cumplimiento del calendario y se detectaban esquemas incompletos. Si bien durante la implementación del sistema electrónico NOMIVAC también se registraron dificultades para consolidar algunos registros, los especialistas aclaran que este aspecto no explica por sí solo la magnitud de la caída observada.
Frente a este escenario, las autoridades sanitarias recomiendan revisar el carnet de vacunación de todos los integrantes de la familia, especialmente antes del inicio de las clases o durante los controles pediátricos. Si el carnet se perdió, el historial puede recuperarse en el vacunatorio donde se realizaron las aplicaciones o mediante los registros provinciales y el sistema NOMIVAC cuando corresponda.
Los especialistas aconsejan prestar especial atención a los niños de cinco años que ingresan a la escuela, los adolescentes de 11 años, los bebés menores de un año, las personas embarazadas, los adultos mayores y quienes padecen enfermedades crónicas.
