Fuente: Clarín
Quiere agradecerle porque con un vuelo heroico desafió a la niebla y el órgano llegó a tiempo.
Emocionado y con la voz entrecortada, Osvaldo Amado, agradeció a los pilotos, al equipo médico y a los familiares del donante de su corazón por haber vuelto a nacer, y le rogó a la gente: “Donen órganos, así se salvan vidas”.
Hace ocho días, este productor rural cordobés, de 52 años, se iba a realizar un trasplante de corazón, porque el suyo funcionaba solo al 40%. Pero la neblina reinante en Córdoba el pasado martes 6 de mayo, casi hizo que la cirugía no se realice. La pericia de los pilotos Claudio Pistone y Martín Herrera logró el milagro de la ciencia: aterrizar con el cielo prácticamente sin visibilidad en el aeropuerto cordobés “Ambrosio Taravella”, justo a tiempo para que el corazón de un donante mendocino pudiera ser implantado a Osvaldo en el Sanatorio Allende.
“Tengo la valija lista para conocer al piloto que me salvó la vida. Todo esto que pasamos fue un milagro, fue de película”, dijo el paciente ayer a la mañana cuando le dieron el alta. Muy emocionado, se le cortó la voz varias veces cuando le agradeció al piloto Pistone, al médico cardiocirujano Roque Córdoba y a los familiares del donante.
Con barbijo y pantalones de gimnasia, saludó a los medios que lo esperaban y dijo: “Yo no sabía nada lo del vuelo y la niebla. Mi señora se entrevistó con los pilotos. En cualquier momento nos iremos a encontrar con los pilotos a agradecerles este milagro que me salvó la vida”.
Su esposa Gladis Tonello, con un gran rosario marrón, también dio gracias por tener a su marido vivo: “Tenemos que agradecer a todo el equipo de trasplante del sanatorio y al Incucai. Porque posibilitaron este milagro, que mi esposo pueda salvarse en el momento en que más lo necesitaba”.
El martes pasado a las 5 de la mañana, los pilotos del Learjet 31 LV-CLK recibieron el aviso de que en Córdoba el aeropuerto estaba inoperable. Igualmente se lanzaron a la aventura de salvar la vida de Osvaldo. Cuando llegaron a esta ciudad, “había muy poca visibilidad, pero decidimos aterrizar por una especie de ventana que se abrió entre la niebla. A los pocos minutos, el aeropuerto pasó a tener sólo 50 metros de visibilidad”, reconstruyó el piloto.
Osvaldo Amado tenía problemas de corazón desde hace cuatro años, debido a que también es diabético. Desde hacía dos años se sometía a internaciones periódicas y ya había sufrido varios infartos.
“Hoy (por ayer) estuvo muy cansado. Pero ya está en casa. No tenemos palabras para agradecer”, le dijo su esposa a Clarín, en su casa de Monte Cristo, un pueblito ubicado a sólo 25 kilómetros de esta Capital.









