Por Dr. Daniel Cassola
Por estas horas el mundo sigue conmovido por lo que sucedió ayer por la mañana en París, capital de Francia. Por lo que se sabe al momento un grupo de al menos tres hombres perpetró un brutal atentado en la sede de la revista de humor gráfico “Charlie Hebdo”.
Por esta acción hay al menos doce muertos y varios heridos de gravedad. Entre los fallecidos se encuentran el director de la publicación junto con otros tres dibujantes. Además dos policías que custodiaban el edificio resultaron ejecutados. Uno de ellos fue abatido en la calle y su ejecución puede observarse en un video que comenzó a circular horas después de realizado el atentado.
En esas imágenes se observa cómo uno de los terroristas le dispara a quemarropa al policía, que se hallaba ya abatido e incluso hace un gesto como implorando clemencia. El video da cuenta fiel del completo desprecio por la vida que manifiestan los terroristas.
Si bien no está identificado a qué grupo específico pertenecen los atacantes, sí se sabe que son parte de alguna corriente del fundamentalismo islámico. Testigos del atentado aseguraron que mientras disparaban los hombres repetían consignas como “Alá es grande” y “Venimos a vengar al Profeta”.
El fundamentalismo es un movimiento que puede ser político, religioso o ambas cosas, y que promueve una estricta aplicación de una serie de leyes, siempre en base a interpretaciones extremistas.
Para el caso del islamismo, se promueve una interpretación estricta del Corán. Así como sucede en el islam, hay interpretaciones fundamentalistas de la Biblia en el cristianismo o de la Toráh en el judaísmo.
El problema no es la religión, sino el fundamentalismo. Al promover una verdad absoluta, sin posibilidad de disidencias ni matices, el fundamentalismo provee el sustento ideológico para que se produzcan hechos como el de ayer.
Todas las interpretaciones y movimientos fundamentalistas, por el carácter que acabamos de explicar, conducen inexorablemente a la violencia. Son ideas tan fuertes que llevan a sus militantes a inmolarse por la causa que dicen defender.
Ya desde anoche miles de personas se concentraban en distintas capitales del mundo bajo la consigna “Yo soy Charlie” en repudio del atentado, y en defensa de la libertad de expresión y la democracia.
Entre las pancartas que improvisaron los manifestantes, una decía: “Se ha puesto tan serio el mundo que hasta el humor es una profesión de riesgo”.










