Por Dr. Daniel Cassola
El riesgo de que la fiebre amarilla ingrese en nuestro país está latente. Todavía no se registró ningún caso. El mayor riesgo reside en Misiones y Corrientes, por la vecindad con Brasil, donde esta grave enfermedad viene afectando a la población de al menos siete estados, donde se han detectado hasta ahora unos 2100 pacientes de todas las edades con síntomas de la dolencia, aunque no todos confirmados, al tiempo que murieron 162 personas como consecuencia de este brote, que puso en alerta a la Organización Mundial de la Salud, que ha recomendado la vacunación a todos los extranjeros que visiten el país.
Las cifras son alarmantes teniendo en cuenta que en todo el año anterior solo hubo siete casos de fiebre amarilla, que causaron cinco muertes. La mayor parte del territorio brasileño se considera en riesgo de fiebre amarilla, sin embargo en años recientes el país apenas experimentó un número significativo de casos.
La fiebre amarilla se caracteriza por una degeneración adiposa del hígado y la congestión de las mucosas del estómago y el intestino. El médico cubano Carlos Finlay fue el primero en sostener que la causa residía en la picadura de un mosquito, transmisor de un virus, afirmación que se confirmó en 1901.
Es una enfermedad potencialmente letal. Es complejo diagnosticar esta enfermedad porque los síntomas se confunden fácilmente con los de otras enfermedades o fiebres. La mayoría de las personas contagiadas se recupera después de la primera fase de infección, que suele causar fiebre, dolores musculares y de espalda, dolores de cabeza, escalofríos, pérdida de apetito, náuseas y vómitos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero un 15% de los contagiados experimentan una segunda fase de infección mucho más grave, que incluye fiebres altas, ictericia, hemorragias y una progresiva incapacidad renal. La mitad de quienes entran en esa segunda fase “tóxica” normalmente mueren en un período de 10 a 14 días.
En regiones silvestres del vecino país la epidemia se ha ido extendiendo, especialmente entre los monos aulladores del noroeste brasileño. La lógica inquietud por la expansión del mal se manifiesta, sobre todo, en las áreas periurbanas de las ciudades afectadas. También se han registrado casos en Perú, Colombia y Bolivia.
A quienes viajen a Brasil, especialmente a alguno de los estados más afectados por la enfermedad, como Río de Janeiro, San Pablo, Minas Gerais, Bahía y Espíritu Santo, se les recomienda, además de vacunarse contra la fiebre amarilla, evitar el contacto con monos y mantenerse alejados de los lugares que éstos suelen habitar por los riesgos que podrían entrañar.
Los expertos estiman que una de las probables causas del brote de fiebre amarilla es el descuido por la vacunación en las poblaciones de los estados afectados, lo que pone de manifiesto la importancia de cumplir con las medidas de prevención que la ciencia ha puesto a nuestro alcance.









