Por Dr. Daniel Cassola
La hipertensión arterial es una enfermedad crónica caracterizada por un aumento de las cifras de la presión sanguínea en las arterias. Puede no dar síntomas durante mucho tiempo, y por eso decimos que actúa silenciosamente. Si no se trata puede desencadenar complicaciones severas como un infarto de miocardio, una hemorragia o trombosis cerebral, que se pueden evitar si se controla adecuadamente.
Además, la hipertensión es el factor de riesgo modificable más importante para desarrollar enfermedades cardiovasculares, así como para la enfermedad cerebrovascular y renal. Los hombres tienen más predisposición a desarrollarla que las mujeres, situación que se iguala cuando la mujer llega a la menopausia.
Para evitar la difusión de falsas creencias o mitos en la sociedad en torno a esta enfermedad la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) ha difundido un comunicado con una serie de aseveraciones que pueden ser de uso común, pero que en todos los casos esconden la verdad.
“La hipertensión arterial recién se presenta a partir de la mediana edad”. La presión sistólica (o máxima) tiende a ser mayor luego de los 40 años, pero los datos indican que aproximadamente el 4 por ciento de los jóvenes padece hipertensión. O sea, ser joven no es un antídoto contra esta enfermedad.
“Lo esencial es controlar la presión mínima (diastólica)”. El incremento de ambos valores –presión mínima y máxima- aumenta el riesgo cardiovascular. Resulta fundamental que el control se haga sobre los dos valores.
“Con limitar la sal en las comidas, es suficiente”. Abandonar o reducir el consumo de sal es una buena medida pero no es suficiente. Quienes sean hipertensos tienen que seguir un tratamiento en el cual reducir el consumo de sal es solo una parte.
“El dolor de cabeza es señal de presión alta”. La hipertensión no tiene síntomas claros. El dolor de cabeza puede tener múltiples causas. El único modo de saber si la presión supera el límite normal, es efectuarse un control periódico.
“La hipertensión se debe a los nervios”. La hipertensión es una enfermedad que puede reconocer varias causas tales como estrés, antecedentes hereditarios, consumo desmedido de sal, vida sedentaria. Pero “los nervios” no son una de ellas.
“Los hipertensos no deben tomar café”. El consumo moderado de café (entre 1 y 3 pocillos por día) no provoca hipertensión.
“Si las mediciones dan bien, no es necesario continuar con el tratamiento”. En la mayoría de los casos la hipertensión es crónica. Si el paciente tratado abandona la medicación, su nivel de presión arterial volverá a elevarse. Por lo tanto no se debe interrumpir la toma de la medicación ni reducir las dosis, a menos que el médico así lo indique.
La idea de difundir este comunicado es que no prosperen las creencias erróneas sobre una enfermedad que puede tener consecuencias muy graves en nuestro organismo.









