Por Dr. Daniel Cassola
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió esta semana que existe un elevado índice de resistencia a los antibióticos de varias infecciones bacterianas. Este problema se da tanto en los países de ingresos altos como de ingresos bajos.
“El informe confirma la seria situación de la resistencia a los antibióticos en todo el mundo”, dijo el director del secretariado de Resistencia Antimicrobial de la OMS, Marc Sprenger. Asimismo, Sprenger alertó que la resistencia incluye a algunas de las infecciones “más comunes y potencialmente más peligrosas”.
El trabajo de seguimiento involucra a medio millón de personas en 22 países del mundo y, por su sigla en inglés, se denomina GLASS. La OMS prevé que GLASS incorpore información de otros sistemas de vigilancia de resistencia antimicrobial en humanos e implique a más países para desarrollar esta base de datos. Debido a que este fenómeno no respeta fronteras, el experto llamó a todos los países a establecer sistemas de vigilancia para detectarla.
Por otra parte, un ejemplo concreto de la evolución de las bacterias se da por estos días con la lepra. La bacteria Mycobacterium leprae (o bacilo de Hansen, descubierta en 1874 por el médico noruego Gerhard Armauer Hansen) se ha vuelto más resistente a los medicamentos después de desarrollar nuevos genes que apuntan a mecanismos previamente desconocidos para desafiar a los antibióticos que se usan para tratar la enfermedad.
Científicos de l’École Polytechique Fédérale de Lausana (EPDL) han conseguido aislar, secuenciar y analizar el genoma de 154 cepas de lepra procedentes de todo el mundo. Y las han aislado directamente de muestras humanas ya que, según apuntan los científicos, la bacteria no se puede cultivar en un laboratorio, lo que dificulta su estudio.
Esta enfermedad infecciosa, aunque no muy contagiosa, fue incurable durante siglos (hay restos arqueológicos que ya sitúan la lepra en la India hace 4.000 años) y provoca daños en la piel, los nervios periféricos, la mucosa de las vías respiratorias altas y los ojos. A pesar de que es curable, la bacteria persiste en muchos países en desarrollo, con más de 200.000 nuevos casos cada año.
La OMS recomendó en 1981 el tratamiento multimedicamentoso (TMM) que se sigue usando en la actualidad y que consiste en administrar dapsona y rifampicina a todos los pacientes y se añade clofazimina si hay fiebre, granulocitopeina o ictericia. En los últimos 20 años se han tratado más de 16 millones de enfermos con este sistema.
El estudio del EPDL encontró varios genes que asociados con la resistencia a los antibióticos, especialmente en ocho cepas cuyos genomas albergaban un número increíblemente grande de mutaciones aleatorias, acumuladas durante un período de unos pocos años o quizás décadas. Estas ocho cepas son todas resistentes a la terapia con múltiples fármacos, y fueron las únicas analizadas en las que se interrumpía un gen responsable de la reparación del ADN.
Esto es solo una demostración que con el descubrimiento de la vida microscópica y los antibióticos los humanos apenas ganamos una batalla. Pero la guerra contra las bacterias se sigue librando todos los días, a veces con resultado dispar.









