Por Dr. Daniel Cassola
Las estadísticas, tanto los censos de población como la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH), indican que en el país viven cada vez más personas que superan los 65 años. La población que pasó la edad jubilatoria hoy representa al 15% de la total: seis millones de personas.
Aunque se encuentran en una edad en la que el mandato laboral indica que entraron en una etapa pasiva, lo cierto es que son muchas las personas que siguen trabajando o en plena actividad. Desde los que se animan a armar un emprendimiento propio, los que empiezan una carrera universitaria hasta los que quieren aprender un idioma o comienzan a practicar un deporte a esa edad.
«Los sistemas previsionales fueron pensados para cuando nos moríamos entre los 60 y 70 años. Hoy, felizmente, eso ocurre entre los 80 y 90. Es decir, que nos quedó esta brecha entre la edad del retiro y el fin de la vida. Si se tiene en cuenta que se llega con mucha más vitalidad a esa edad, nos quedó una enorme vida posjubilatoria, de 30 años, vacía de actividades», explica Enrique Amadasi, doctor en Sociología y coordinador del Barómetro de las Personas Mayores, del Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la Universidad Católica Argentina (UCA).
La clave para mantener la vitalidad son los proyectos propios, más allá de los hijos, nietos, pareja o familia. Lo demostró un estudio que hizo la antropóloga de la Universidad de San Pablo, Brasil, Paula Pinto entre adultos mayores argentinos que analizó los procesos subjetivos que intervienen en el envejecimiento.
El 25% de los adultos mayores, según los datos del Barómetro, que pertenecen a la clase media alta, tiene la posibilidad de canalizar esas ganas en viajes y en proyectos postergados. Sin embargo, cuando se acercan a los 70 años son muchos los que sienten la necesidad de volver al ámbito laboral, no por razones económicas, sino porque necesitan sentirse valorados.
Según explica Amadasi, esta condición de vitalidad pasados los 65 años y la necesidad de que la sociedad los necesite, se traduce en un gran potencial para el voluntariado de esta población. «Se deben crear oportunidades para que esto ocurra», indica.
Hoy, tres de cada cuatro adultos mayores, según el Barómetro, dicen que la primera carencia que padecen es la económica y la segunda, la falta de oportunidades recreativas para su edad. «Muchos se sienten desvalorados por la sociedad. Que no los tienen en cuenta», dice Amadasi.
Los especialistas insisten en tener un proyecto. «Que signifique para cada uno algo distinto. Ayudar a otros, empezar una carrera, ir a buscar al nieto. Lo relevante es que sea uno propio y no que la persona permanezca expectante para ver cómo encaja en la vida de los otros», apunta Amadasi.









