Preocupación mundial por los incendios en el Amazonas
Por Redacción Curar con Opinión
En estos momentos hay más de 75 mil focos de incendio en el Amazonas, la mayor reserva natural de Sudamérica. El número de incendios forestales creció al menos un 70% este año en comparación con el mismo período en 2018 en la zona.
Según consideró la Fundación Vida Silvestre en un comunicado “el fuego y los incendios forestales son causados por acción del hombre, comenzando por la deforestación de los bosques. Las políticas públicas deben actuar para poner fin a la deforestación a gran escala en la Amazonía”.
El Amazonas alberga cerca del 20% del agua del planeta, al 10% de la biodiversidad global, al 20% del oxígeno de la Tierra y es, entre muchas otras cosas, hábitat de más de 34 millones de habitantes.
El Amazonas juega un rol clave en la regulación climática de Sudamérica, influyendo incluso en el régimen de precipitaciones de la región. Además de afectar gravemente a la biodiversidad de la zona, los incendios, según prevén desde la organización, agudizarán la crisis climática a causa de las emisiones de carbono provenientes de la quema de materia orgánica y las áreas dañadas serán más vulnerables a sequías, inundaciones y a otros efectos del cambio climático, por la falta de cobertura vegetal.
La pérdida del bosque reducirá también la capacidad de absorción de dióxido de carbono por parte de los ecosistemas. La dispersión de humo compromete la calidad del aire de varias regiones relativamente cercanas a los incendios y aun de ciudades lejanas como San Pablo, en Brasil.
El impacto inmediato de los incendios en la biodiversidad, es la muerte de miles de animales y plantas que habitan estos bosques, entre ellos especies emblemáticas y de gran importancia ecológica como el yaguareté, pero, además, las quemas ocasionan una pérdida de hábitat que amenaza la supervivencia de las especies.
Históricamente, los incendios en la Amazonía han estado ligados a la deforestación por expansión de la actividad agropecuaria y esta ocasión no es la excepción, como se verificó con el aumento de la deforestación en el último año. Un dato a destacar es que las condiciones de la estación seca este año han estado en rangos normales por lo que no se puede atribuir al clima la gran cantidad de incendios experimentados con respecto a otros años.
