Adultos sin vacunas, adultos en riesgo: el mensaje de los neumonólogos
Durante décadas, la vacunación ha sido asociada casi exclusivamente con la infancia. Las imágenes de niños recibiendo vacunas forman parte del imaginario colectivo de la salud pública. Sin embargo, esa percepción está lejos de reflejar la realidad epidemiológica actual.
Por Dr. Daniel Cassola
Hoy en día, expertos y organismos sanitarios de todo el mundo insisten en un mensaje clave: la vacunación también es una necesidad en la adultez. En Argentina, la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) impulsa esta visión mediante una nueva Campaña Nacional de Concientización de la Vacunación en Adultos que apunta a transformar esa visión reduccionista y actualizar la conversación en torno a las vacunas.
El lema de la campaña, «Sabemos de Vacunación, Tus Pulmones en Buenas Manos con los Neumonólogos», refleja un enfoque integral que pone en el centro de la escena a los profesionales especializados en salud respiratoria. Los neumonólogos se posicionan como actores clave para informar y acompañar a la población adulta en decisiones responsables e informadas sobre la inmunización. Este esfuerzo por desmitificar ideas erróneas y fortalecer la educación sanitaria llega en un contexto donde las enfermedades respiratorias siguen representando una amenaza significativa, no solo para grupos vulnerables, sino para toda la sociedad.
La vacunación cumple un rol esencial en la prevención de enfermedades infecciosas a lo largo de toda la vida. Ya no se trata simplemente de evitar enfermedades infantiles, sino de proteger a las personas frente a afecciones respiratorias graves como la gripe, la neumonía o el virus sincitial respiratorio (VSR), que pueden tener consecuencias severas, especialmente en personas mayores o con enfermedades crónicas. Las vacunas refuerzan el sistema inmunológico entrenándolo para reconocer y combatir virus y bacterias antes de que puedan causar daño. Así, el organismo genera una “memoria inmunológica” que garantiza una protección a largo plazo.
Esta protección individual también tiene una dimensión colectiva. A través de la inmunidad de grupo, la vacunación ayuda a reducir la transmisión de enfermedades dentro de la comunidad y previene brotes epidémicos. Esto es especialmente relevante en un mundo interconectado, donde las infecciones pueden propagarse con rapidez. En este sentido, actualizar el calendario de vacunación en la adultez no solo es una responsabilidad personal, sino también un acto de cuidado comunitario.
Las personas con enfermedades crónicas como diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma, insuficiencia cardíaca o inmunosupresión son especialmente vulnerables a complicaciones graves derivadas de infecciones que pueden ser prevenidas con vacunas. Por eso, para estos grupos, la inmunización adquiere una urgencia aún mayor. La campaña de la AAMR destaca este punto y remarca la importancia de consultar con el médico de cabecera o el neumonólogo para recibir información precisa y personalizada.
En la actualidad, existen varias vacunas especialmente recomendadas para adultos. La vacuna antigripal, por ejemplo, debe aplicarse todos los años. Si bien está priorizada para mayores de 65 años, embarazadas, personal de salud y personas con enfermedades crónicas, cualquier adulto puede beneficiarse de su aplicación. En personas mayores o con comorbilidades, esta vacuna puede reducir el riesgo de hospitalización y muerte en aproximadamente un 50%, gracias a versiones adaptadas a las necesidades inmunológicas de estos grupos.
También es clave la vacuna antineumocócica, que previene neumonías e infecciones severas, y la vacuna contra el virus sincitial respiratorio (VSR), recientemente incorporada al arsenal preventivo. Esta última ha demostrado una efectividad superior al 82% en adultos mayores de 60 años, y supera el 94% de eficacia en la prevención de infecciones respiratorias bajas en personas de ese grupo etario que presentan enfermedades crónicas respiratorias o cardiovasculares.
A estas se suman otras inmunizaciones relevantes como la vacuna contra el herpes zóster, recomendada a partir de los 50 años y para inmunocomprometidos; la vacuna dTpa, que protege contra difteria, tétanos y tos convulsa, recomendada cada diez años y especialmente en embarazadas para proteger al recién nacido; los refuerzos contra COVID-19, que siguen siendo necesarios para mantener una defensa robusta frente a nuevas variantes; y el refuerzo contra tétanos y difteria, también cada diez años. Además, en regiones con circulación activa del virus, los adultos pueden consultar a sus médicos sobre la conveniencia de vacunarse contra el dengue.
Tras la pandemia de COVID-19, muchas personas tomaron mayor conciencia sobre la fragilidad del sistema inmunológico y la importancia de la prevención. No obstante, aún persisten la desinformación y el olvido en torno al calendario de vacunación en adultos. Es hora de entender que cuidarse no tiene edad y que las vacunas no son patrimonio exclusivo de la infancia. Son una herramienta fundamental a lo largo de toda la vida.
