En Argentina, los datos epidemiológicos muestran que la sífilis y el VIH siguen ocupando un lugar central entre las infecciones de transmisión sexual que más preocupan. El crecimiento sostenido de los diagnósticos de sífilis en los últimos años y la persistencia de nuevos casos de VIH reflejan la magnitud del desafío sanitario que representan estas enfermedades.
Por Dr. Daniel Cassola
En el caso de la sífilis, las notificaciones han aumentado de manera marcada en la última década. En 2021 se reportaron poco más de 12.000 casos, mientras que en 2024 la cifra ascendió a casi 20.000. El incremento no es uniforme, ya que en algunos períodos se han observado leves descensos, pero la tendencia general sigue siendo ascendente. Para 2023 se había alcanzado un récord histórico con más de 32.000 notificaciones, lo que evidencia la magnitud de la circulación de esta infección. Los registros iniciales de 2025 confirman que los niveles continúan siendo elevados y que la enfermedad mantiene una alta incidencia en la población.
La distribución por edad muestra que los jóvenes concentran la mayor proporción de casos. El grupo de entre 20 y 24 años es el más afectado, seguido por las franjas de 25 a 29 y de 15 a 19. Esta característica ubica a la sífilis como un problema que impacta con mayor intensidad en los inicios de la vida sexual activa. Además, se observa que la enfermedad no distingue género ni nivel socioeconómico, lo que refuerza su carácter de fenómeno transversal en la población.
En paralelo, el VIH continúa siendo una infección con fuerte presencia en el país. Se estima que más de 140.000 personas viven actualmente con el virus. Cada año se detectan entre 5.000 y 6.500 nuevos casos, lo que mantiene estable la tasa de notificación en comparación con décadas anteriores. Sin embargo, se calcula que alrededor del 13 % de las personas infectadas aún no conocen su diagnóstico, lo que representa un riesgo adicional para la transmisión y el inicio tardío de los tratamientos.
Otro aspecto relevante es que cerca del 65 % de las personas que conviven con VIH reciben atención en el sistema público de salud, lo que permite dimensionar el peso que la infección tiene sobre la red sanitaria. Además, en algunas provincias se ha registrado un número considerable de muertes relacionadas con sida en los últimos tres años, asociado en parte a la detección tardía y a la falta de acceso temprano a la terapia antirretroviral.
Tanto la sífilis como el VIH comparten vías de transmisión comunes. Aunque el contacto sexual sin protección es el principal mecanismo de contagio, es importante señalar que el sexo oral también constituye una vía efectiva. Infecciones como gonorrea, clamidia, herpes o HPV, además de la sífilis y el VIH, pueden transmitirse de esta forma. El uso de preservativos y de métodos de barrera en todas las prácticas sexuales se mantiene como una medida eficaz para reducir la propagación de estas enfermedades.
En relación con la evolución clínica, la sífilis no tratada puede provocar complicaciones severas en el sistema nervioso, el aparato cardiovascular y otros órganos, mientras que el VIH, sin tratamiento, progresa hacia el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, etapa avanzada en la que aumentan considerablemente las infecciones oportunistas y la mortalidad. Por esta razón, el diagnóstico temprano y el inicio de la terapia adecuada son factores clave para mejorar la calidad y la expectativa de vida de los pacientes.
En resumen, los últimos reportes epidemiológicos muestran que la sífilis atraviesa un crecimiento sostenido en el país, con una alta incidencia en jóvenes, mientras que el VIH se mantiene en niveles estables aunque con un número significativo de nuevos diagnósticos anuales y con una fracción de la población aún sin conocer su condición. Ambos escenarios ponen en evidencia la importancia del testeo regular y del acceso rápido a los tratamientos disponibles para controlar la evolución de estas infecciones en la población argentina.









