La sífilis registra su mayor número de casos en Argentina: cuáles son los síntomas y cómo prevenirla

La sífilis, una infección que durante años se mantuvo bajo control en el sistema de salud argentino, atraviesa hoy uno de los momentos más críticos desde que existen registros oficiales.

Por Dr. Daniel Cassola

Los datos recientes del Boletín Epidemiológico Nacional muestran un crecimiento sin precedentes: en 2024 se contabilizaron 36.917 diagnósticos y, en las primeras 44 semanas de 2025, el número casi alcanzó esa cifra. El aumento sostenido, lejos de ser un fenómeno aislado, confirma una tendencia que preocupa a especialistas y autoridades sanitarias, que advierten la necesidad urgente de fortalecer la prevención, el testeo y el tratamiento.

El incremento de casos se desarrolla desde hace más de una década, con un ascenso particularmente marcado a partir de 2015. Entre ese año y 2019, las notificaciones prácticamente se triplicaron, un crecimiento que solo se vio interrumpido durante la pandemia por la disminución general de controles de salud. Sin embargo, una vez superada esa etapa, la curva volvió a crecer con fuerza. Desde 2022, el avance no se detiene y los datos de 2024 marcaron un récord histórico. Las cifras de 2025, que ya rozan el total del año anterior antes de su cierre, anticipan que la tendencia no solo continúa sino que se intensifica.

La distribución de los casos muestra además diferencias significativas según la región. El Centro del país concentra más del 60% de las notificaciones, con Córdoba como la provincia con mayor tasa nacional. En la Patagonia, Neuquén, Tierra del Fuego y La Pampa se ubican entre los focos con mayor incidencia, mientras que en el NEA, NOA y Cuyo distintas provincias, como San Luis, Chaco, Formosa, Jujuy y Catamarca, también presentan ascensos importantes. La expansión, por lo tanto, no se limita a un área específica: la infección avanza en todo el territorio.

El análisis epidemiológico revela un dato clave: el 76% de los diagnósticos corresponde a jóvenes de entre 15 y 39 años, con mayor impacto en el grupo de 20 a 29. Mujeres y varones se ven afectados de manera distinta según la edad: ellas presentan tasas más elevadas en los segmentos de mayor exposición, mientras que entre personas mayores los varones tienen mayor incidencia. A esto se suma el fenómeno de las reinfecciones, especialmente relevante entre varones, donde aproximadamente un tercio de los nuevos diagnósticos se detecta en personas que ya habían atravesado la enfermedad.

El carácter silencioso de la sífilis explica parte de su expansión. Según organismos internacionales como los CDC, la infección se desarrolla en fases y puede pasar inadvertida en sus etapas iniciales. La fase primaria suele manifestarse con una llaga indolora en genitales, boca o ano que desaparece por sí sola, lo que conduce a subestimar la necesidad de atención médica. Si la infección no se trata, aparece la fase secundaria, marcada por un sarpullido que puede alcanzar palmas y plantas, junto con fiebre, inflamación de ganglios, caída del cabello y malestar general. Luego puede sobrevenir un periodo latente sin síntomas visibles que puede prolongarse durante años. En un número reducido de casos, la enfermedad progresa hacia la fase terciaria, en la que la bacteria compromete órganos vitales como el corazón, el sistema nervioso, los ojos o los vasos sanguíneos.

Además, la sífilis puede afectar directamente el sistema nervioso, lo que se conoce como neurosífilis, y también puede manifestarse en los ojos o el oído interno, generando alteraciones en la visión, pérdida auditiva, vértigo o dificultades cognitivas. En personas gestantes, la infección sin tratar implica un riesgo severo, dado que puede transmitirse al bebé y provocar complicaciones graves como parto prematuro, bajo peso al nacer o incluso la muerte fetal.

A pesar del avance de la enfermedad, es importante destacar que la sífilis tiene cura y que el tratamiento es altamente efectivo cuando se administra correctamente. La penicilina benzatínica es la primera opción terapéutica y su aplicación depende de la fase de la infección. En los casos tempranos, una única dosis suele ser suficiente, mientras que en etapas más avanzadas o latentes se requieren aplicaciones adicionales. Cuando existe compromiso neurológico, el esquema cambia y se indican antibióticos intravenosos. Aun así, haber tenido sífilis no brinda inmunidad: cualquier persona puede reinfectarse, lo que refuerza la importancia del testeo periódico.

La prevención ocupa un lugar central en la estrategia sanitaria. El uso adecuado del preservativo reduce considerablemente el riesgo de contagio, aunque no lo elimina por completo, ya que las lesiones pueden ubicarse en zonas no cubiertas. Realizarse estudios de rutina, especialmente en personas con mayor exposición, es fundamental para detectar la infección a tiempo.

El récord de casos de sífilis en Argentina plantea un escenario desafiante que exige acciones sostenidas tanto desde el sistema de salud como desde la sociedad. La combinación de información clara, acceso a métodos de diagnóstico y compromiso individual aparece como el camino indispensable para frenar una infección que, aunque completamente tratable, sigue avanzando con fuerza.

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