Por Redacción Curar con Opinión
Cada 24 de enero se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Moebius, una fecha destinada a visibilizar una enfermedad congénita poco frecuente y aún ampliamente desconocida. Se estima que afecta a uno de cada millón de nacimientos, aunque especialistas advierten que podría estar subdiagnosticada, especialmente durante los primeros meses de vida.
El síndrome de Moebius es una alteración neurológica congénita que se caracteriza principalmente por la parálisis del nervio facial. Esta condición impide la movilidad normal del rostro: quienes la padecen no pueden sonreír, fruncir el ceño ni cerrar completamente los ojos. A pesar de este compromiso gestual, la capacidad intelectual de los pacientes suele ser normal.
“La causa es una alteración en el desarrollo del tronco encefálico, con compromiso del sexto y séptimo par craneal. Su origen es multifactorial y puede incluir factores ambientales y mutaciones genéticas espontáneas”, explicó la Dra. Daniela Sosa, neuróloga de DIM Centros de Salud.
Además de la parálisis facial, el síndrome puede afectar los movimientos oculares, la succión y la deglución, lo que genera dificultades para alimentarse durante la infancia. En algunos casos, se asocia a otras alteraciones como malformaciones craneofaciales, defectos cardíacos, trastornos del lenguaje y anomalías musculoesqueléticas. Desde el punto de vista ortopédico, hasta el 45% de los pacientes presenta compromiso de la columna vertebral y deformidades en pies o extremidades superiores.
Si bien no existe una cura, el abordaje terapéutico es integral y multidisciplinario. “El tratamiento puede incluir neurología, fonoaudiología, kinesiología, cirugía reconstructiva y acompañamiento psicológico”, señaló Sosa. En los últimos años, las cirugías de reanimación facial y la rehabilitación temprana han mostrado avances significativos en la funcionalidad y la calidad de vida.









