Seguridad vial: un desafío de salud pública que sigue cobrando miles de vidas en Argentina

Cuando se habla de salud, la atención suele centrarse en la alimentación, la actividad física, los controles médicos o la prevención de enfermedades. Sin embargo, existe otro factor que impacta de manera directa en la calidad de vida de millones de personas y que muchas veces pasa desapercibido: la seguridad vial.

Por Dr. Daniel Cassola

Aunque Argentina logró reducir la cantidad de víctimas fatales por siniestros de tránsito durante 2024 en comparación con años anteriores, las cifras continúan siendo preocupantes. Más de 4.000 personas mueren cada año en hechos viales, mientras que miles sufren lesiones graves que pueden generar secuelas permanentes. Por este motivo, especialistas consideran que la seguridad vial es uno de los principales desafíos de salud pública del país.

Las motocicletas continúan representando uno de los grupos más vulnerables, especialmente entre los jóvenes. A esto se suman otros factores de riesgo que siguen presentes tanto en rutas como en zonas urbanas, entre ellos el exceso de velocidad, las distracciones al volante y el incumplimiento de normas básicas de seguridad.

Diversos estudios muestran que muchos accidentes comienzan mucho antes del momento del impacto. Dormir pocas horas antes de conducir, utilizar el teléfono celular mientras se maneja, conducir bajo situaciones de estrés, no respetar los límites de velocidad o consumir alcohol son conductas que disminuyen la capacidad de reacción y aumentan significativamente el riesgo de sufrir un siniestro.

Uno de los mayores desafíos es que muchas de estas prácticas se han naturalizado. Enviar mensajes mientras se conduce, no utilizar el cinturón de seguridad en trayectos cortos, trasladar niños sin sistemas adecuados de retención o cruzar la calle mirando el celular son situaciones frecuentes que pueden tener consecuencias graves.

Además de las lesiones físicas inmediatas, los siniestros viales suelen generar secuelas neurológicas, traumatológicas y psicológicas que afectan durante años a las víctimas y sus familias. Por ello, los especialistas insisten en la importancia de incorporar hábitos preventivos cotidianos.

Entre las principales recomendaciones figuran no utilizar el celular al conducir, descansar adecuadamente antes de viajar, usar siempre el cinturón de seguridad, respetar las velocidades máximas, evitar el consumo de alcohol y otras sustancias, utilizar sistemas de retención infantil y emplear casco tanto en motocicletas como en bicicletas.

La seguridad vial no depende únicamente de grandes decisiones. Muchas veces, pequeñas acciones cotidianas pueden marcar la diferencia entre un viaje seguro y una tragedia evitable. Prevenir también es conducir con responsabilidad y cuidar la vida propia y la de los demás.

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