Uno de cada tres adultos duerme menos de lo recomendado y crece la preocupación por sus efectos en la salud
Dormir menos de lo necesario se convirtió en un hábito frecuente entre los adultos, pese a las consecuencias que puede tener para la salud.
Por Dr. Daniel Cassola
Un informe del National Center for Health Statistics (NCHS) reveló que el 30,5% de las personas adultas duerme menos de siete horas por noche, mientras que casi una de cada cinco presenta dificultades para mantener el sueño.
Los problemas no terminan allí: el 15,4% tiene inconvenientes para conciliar el sueño. Las exigencias laborales, el estrés, las responsabilidades familiares y la exposición a pantallas durante la noche aparecen entre los factores que pueden reducir las horas destinadas al descanso.
Aunque dormir poco puede naturalizarse como parte de la rutina, el sueño interviene en procesos fundamentales para el organismo. Durante esas horas se reparan tejidos, se fortalece el sistema inmunológico, se consolida la memoria y se regulan diferentes hormonas.
“El sueño no es un tiempo improductivo”, explicó Anabel Ferreyra, médica del Centro Médico Cuyo de Mendoza. La especialista advirtió que cuando la falta de descanso se vuelve crónica, el organismo puede comenzar a sufrir sus consecuencias incluso cuando la persona considera que se acostumbró a dormir pocas horas.
Dormir poco puede afectar la salud física y mental
Diversas investigaciones han asociado dormir habitualmente menos de seis horas con un mayor riesgo de hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad y deterioro cognitivo.
Una de las consecuencias está relacionada con la regulación del apetito. La falta de descanso puede modificar el equilibrio hormonal, favorecer una mayor ingesta de alimentos y dificultar el control del peso. También puede elevar los niveles de cortisol, hormona vinculada con el estrés, y generar un estado inflamatorio con efectos sobre diferentes órganos y sistemas.
El impacto alcanza además a la salud mental. Dormir de manera insuficiente puede favorecer irritabilidad, ansiedad, cambios de humor, problemas de concentración y síntomas depresivos. La somnolencia diurna también reduce el rendimiento laboral y académico, prolonga los tiempos de reacción y puede incrementar el riesgo de accidentes de tránsito y laborales.
El cansancio permanente o las dificultades para concentrarse pueden ser algunas de las primeras señales de un descanso inadecuado. Sin embargo, existen manifestaciones que requieren especial atención, como ronquidos intensos, pausas respiratorias durante la noche o fatiga persistente pese a haber dormido durante varias horas. Ante estos síntomas, la recomendación es realizar una consulta médica para determinar si existe algún trastorno del sueño.
La calidad del descanso también resulta fundamental
La cantidad de horas no es el único indicador de un sueño saludable. Una persona puede permanecer suficiente tiempo en la cama y, sin embargo, no conseguir un descanso reparador si experimenta despertares frecuentes o no alcanza adecuadamente las fases profundas del sueño.
Los horarios irregulares, la exposición a celulares, computadoras o televisores antes de acostarse y los ambientes con demasiada luz o ruido pueden interferir en la calidad del descanso.
Para mejorarla, los especialistas aconsejan mantener horarios relativamente estables para acostarse y levantarse, incluso durante los fines de semana, y reducir el uso de dispositivos electrónicos al menos una hora antes de ir a dormir.
También resulta conveniente limitar durante la tarde y la noche el consumo de café, mate, té, bebidas energizantes y alcohol. La actividad física regular puede favorecer el descanso, aunque es preferible realizarla varias horas antes de acostarse. Cenar liviano, evitar siestas prolongadas y mantener el dormitorio oscuro, silencioso y a una temperatura confortable son otras medidas que pueden contribuir.
Cuando las dificultades para dormir persisten durante varias semanas o comienzan a interferir con las actividades cotidianas, se recomienda buscar orientación profesional.
El descanso adecuado forma parte de los hábitos esenciales para preservar la salud, al igual que una alimentación equilibrada y la actividad física. Por eso, reconocer los problemas de sueño y actuar sobre ellos puede contribuir no solo a mejorar la energía y el rendimiento diario, sino también a disminuir riesgos para la salud a largo plazo.
