Vacunación contra la meningitis: preocupa la baja cobertura en bebés y adolescentes en Argentina
La vacunación contra el meningococo continúa por debajo de los niveles esperados en Argentina, especialmente en los refuerzos de la primera infancia y entre los adolescentes. Los últimos datos correspondientes a 2025 muestran una pérdida progresiva de cobertura a medida que avanza el esquema, una situación relevante frente a una enfermedad que puede evolucionar rápidamente y provocar complicaciones graves.
Por Dr. Daniel Cassola
El objetivo para las vacunas incluidas en el Calendario Nacional de Vacunación es alcanzar coberturas iguales o superiores al 95%. Sin embargo, la primera dosis contra el meningococo, indicada a los tres meses, llegó al 89,9% durante 2025. La segunda, correspondiente a los cinco meses, alcanzó al 85%, mientras que el refuerzo de los 15 meses descendió al 76,9%.
La situación es todavía más marcada a los 11 años. Apenas el 57,2% recibió la dosis a la edad establecida. Al contabilizar también a quienes fueron vacunados posteriormente, la cobertura ampliada asciende al 75,4%, lo que indica que una proporción importante completa la inmunización fuera de los tiempos recomendados.
Una infección que puede evolucionar rápidamente
La meningitis consiste en la inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Puede tener diferentes causas, entre ellas bacterias, virus, hongos y parásitos. Las formas bacterianas son las más graves y pueden estar provocadas por microorganismos como meningococo, neumococo y Haemophilus influenzae tipo b.
La vacunación constituye una de las principales herramientas preventivas. El Calendario Nacional incluye vacunas contra Haemophilus influenzae tipo b, neumococo y los serogrupos A, C, W e Y del meningococo.
Los datos epidemiológicos también muestran una importante presencia del meningococo B. Entre 2023 y 2025, este serogrupo representó el 86,5% de los casos caracterizados de enfermedad meningocócica invasiva en niños y adolescentes de hasta 15 años. Existe una vacuna específica contra el meningococo B, aunque actualmente no integra el calendario general y está contemplada para determinados grupos con mayor riesgo.
Una de las características que genera mayor preocupación es la velocidad con la que puede progresar la infección meningocócica. Incluso con tratamiento adecuado, algunos pacientes pueden fallecer durante las primeras 24 horas posteriores a la aparición de los síntomas.
Entre las manifestaciones que requieren atención aparecen fiebre, dolor de cabeza, rigidez de cuello o nuca, sensibilidad a la luz, náuseas y vómitos. En menores de un año también pueden observarse irritabilidad, dificultad para despertarse, falta de apetito o abultamiento de la fontanela. Ante síntomas compatibles, la recomendación es acudir inmediatamente a una guardia.
Los adolescentes, otro grupo clave para la prevención
Las consecuencias de la meningitis pueden persistir después de superar la etapa aguda. Se estima que uno de cada cinco sobrevivientes puede presentar secuelas permanentes, entre ellas pérdida auditiva, complicaciones neurológicas o cutáneas, daño renal, amputaciones y trastornos psicosociales o psiquiátricos.
Por este motivo, completar los esquemas en los momentos establecidos resulta especialmente importante. La caída observada entre la primera dosis de los tres meses y el refuerzo de los 15 meses muestra que el desafío no consiste únicamente en iniciar la vacunación, sino también en garantizar su continuidad.
La situación de los adolescentes plantea otra dificultad. A los 11 años aumenta la circulación social y son frecuentes las situaciones de contacto estrecho, condiciones que pueden favorecer la transmisión del meningococo.
La inmunización durante esta etapa tiene además un efecto que trasciende la protección individual. Al disminuir la presencia de la bacteria en la nariz y la garganta, contribuye a reducir su transmisión hacia otras personas y fortalece la protección comunitaria.
Los porcentajes registrados durante 2025 muestran que ninguna de las dosis analizadas alcanzó la meta del 95%. La brecha es particularmente amplia entre los adolescentes, aunque la diferencia entre la cobertura aplicada a tiempo y la ampliada evidencia que muchos jóvenes finalmente reciben la vacuna de manera tardía.
