Contaminación, ruido y estrés: los factores cotidianos que aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares

La prevención de las enfermedades cardiovasculares ya no se limita al control de la presión arterial, el colesterol, la alimentación o la actividad física. Especialistas advierten que factores ambientales y situaciones habituales, como respirar aire contaminado, convivir con ruidos intensos, soportar temperaturas extremas o atravesar períodos prolongados de estrés, también pueden afectar la salud del corazón.

Por Dr. Daniel Cassola

Estas problemáticas forman parte de los temas abordados durante el 52° Congreso Argentino de Cardiología, que se desarrolla del 14 al 16 de octubre en La Rural, en Buenos Aires. En una mesa organizada junto con la Sociedad Europea de Cardiología, los profesionales analizan la influencia del ambiente y los hábitos cotidianos sobre el riesgo cardiovascular.

El enfoque incorpora el concepto de exposoma, que comprende el conjunto de factores ambientales y condiciones de vida a los que una persona está expuesta desde antes de nacer. Incluye la contaminación, el entorno laboral, la alimentación, el descanso y las situaciones de estrés.

Desde la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) destacan que estas exposiciones pueden incrementar el riesgo incluso en personas que mantienen controlados los factores cardiovasculares tradicionales.

La contaminación del aire y el ruido también afectan al corazón

La contaminación atmosférica constituye una de las principales amenazas ambientales para la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 99% de la población mundial respira aire que no cumple con sus recomendaciones de calidad.

Por su parte, el informe State of Global Air 2025 atribuyó 7,9 millones de muertes a la contaminación atmosférica durante 2023. De ese total, el 86% correspondió a enfermedades no transmisibles, incluidas patologías cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y enfermedades respiratorias crónicas.

Uno de los componentes más preocupantes es el material particulado fino, conocido como PM₂,₅. Estas partículas microscópicas pueden penetrar profundamente en los pulmones y desencadenar procesos inflamatorios que afectan los vasos sanguíneos y los mecanismos de coagulación.

La exposición prolongada puede favorecer el deterioro arterial y aumentar el riesgo de complicaciones cardiovasculares, incluso cuando no aparecen síntomas respiratorios evidentes. Entre las principales fuentes de contaminación se encuentran el tránsito, las industrias, la generación de energía y los incendios. También influyen el humo del tabaco y la utilización de combustibles domésticos en ambientes mal ventilados.

El ruido ambiental representa otro factor relevante. La exposición constante al tránsito, los aviones o las actividades industriales puede alterar el descanso y mantener activados los mecanismos fisiológicos de respuesta al estrés. Los especialistas señalan que las interrupciones repetidas del sueño pueden contribuir a modificaciones de la presión arterial y afectar la recuperación del organismo durante la noche.

Por este motivo, las estrategias de prevención también contemplan la reducción del ruido urbano, la creación de espacios verdes y la protección de las zonas residenciales frente a fuentes sonoras intensas.

Estrés crónico, microplásticos y nuevos desafíos para la prevención

El estrés sostenido constituye otro elemento que puede influir sobre la salud cardiovascular. Cuando las preocupaciones y exigencias se prolongan, el organismo permanece en un estado de alerta que puede modificar la presión arterial, el metabolismo y los procesos inflamatorios. Además, estas situaciones pueden favorecer hábitos perjudiciales, como dormir menos, abandonar la actividad física, fumar o descuidar los tratamientos médicos.

Una investigación publicada en JAMA Network Open, que incluyó a 118.706 personas de 21 países, encontró que los niveles elevados de estrés se asociaron con un riesgo relativo de enfermedad cardiovascular un 22% mayor y de accidente cerebrovascular un 30% superior. Los resultados refuerzan la importancia de incorporar el bienestar emocional y las condiciones sociales a la evaluación del riesgo cardiovascular.

Otro campo emergente es el estudio de los microplásticos y nanoplásticos. Una investigación publicada en 2024 en The New England Journal of Medicine identificó estas partículas en placas extraídas de arterias carótidas. Su presencia se asoció con una mayor frecuencia de infartos, accidentes cerebrovasculares y fallecimientos durante el seguimiento. Sin embargo, los investigadores aclararon que estos resultados no permiten establecer una relación causal.

Los especialistas coinciden en que la prevención requiere intervenciones individuales y políticas públicas orientadas a mejorar las condiciones ambientales.

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