Alerta regional: la circulación simultánea de influenza y VSR pone a prueba a los sistemas de salud

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió una alerta epidemiológica ante la circulación simultánea de la influenza estacional y el virus respiratorio sincitial (VSR), una combinación que podría incrementar de manera significativa la presión sobre hospitales y clínicas durante el resto del invierno en el hemisferio norte y que obliga a los países de la región a reforzar sus estrategias de prevención y respuesta.

Por Dr. Daniel Cassola

La advertencia actualiza un aviso previo difundido en diciembre de 2025, cuando ya se anticipaba la posibilidad de una temporada respiratoria más temprana o más intensa de lo habitual. Desde entonces, los datos globales confirmaron un aumento sostenido de la actividad gripal desde octubre, con predominio del virus influenza A(H3N2), al mismo tiempo que se observa una tendencia ascendente en la circulación del VSR, un patógeno que afecta especialmente a lactantes y niños pequeños.

En las Américas, la situación es motivo de seguimiento estrecho. La positividad de influenza se mantiene por encima del 10% en el hemisferio norte, con incrementos sostenidos en América del Norte y Central. En el Caribe, los niveles rondan el 20%, también con predominio del subtipo A(H3N2). Estos indicadores reflejan una actividad intensa del virus y un inicio temprano de la temporada respiratoria.

El análisis de países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y España muestra un aumento rápido de las consultas ambulatorias por enfermedades similares a la gripe, particularmente en población pediátrica, y un incremento de las hospitalizaciones, sobre todo entre personas mayores. Si bien la gravedad general de los cuadros se mantiene dentro de parámetros comparables a temporadas anteriores y no se registró hasta el momento un exceso de mortalidad, algunos países ya presentan niveles de actividad superiores a los observados en inviernos recientes.

En este escenario, la circulación simultánea del VSR añade un factor de complejidad. Este virus es una de las principales causas de bronquiolitis y neumonía en menores de un año y suele generar una elevada demanda de camas pediátricas durante los meses fríos. El aumento gradual de su circulación, sumado a la influenza, podría tensionar aún más la capacidad de respuesta de los servicios de salud, especialmente en áreas con alta concentración poblacional o recursos limitados.

Desde la OPS subrayan que la vacunación es una herramienta central para mitigar el impacto sanitario. Estudios provisionales indican que las vacunas actuales contra la influenza mantienen una efectividad del 30 al 40% para prevenir hospitalizaciones en adultos y del 75% en niños. Estos datos refuerzan la necesidad de alcanzar altas coberturas, en particular entre los grupos prioritarios: niños pequeños, personas embarazadas, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y trabajadores de la salud.

Además, el organismo regional insta a los países a fortalecer la vigilancia integrada de los virus respiratorios, incluyendo influenza, VSR y SARS-CoV-2. El reporte semanal de datos a plataformas internacionales como FluNET y FluID resulta clave para monitorear la evolución de la temporada y anticipar cambios en el comportamiento de los virus.

Otra recomendación central es la preparación y ajuste de los planes de respuesta de los servicios de salud. Esto implica revisar la disponibilidad de camas, insumos críticos y personal, así como definir circuitos de atención que permitan absorber aumentos simultáneos de consultas y hospitalizaciones sin comprometer la calidad del cuidado.

En relación con el VSR, la OPS destaca la importancia de implementar estrategias específicas de prevención, como la vacunación materna y el uso de anticuerpos monoclonales de acción prolongada en recién nacidos y lactantes, de acuerdo con las recomendaciones vigentes.

Finalmente, el organismo recuerda que las medidas de prevención individual siguen siendo fundamentales: vacunarse, lavarse las manos con frecuencia, cubrirse al toser o estornudar, ventilar los ambientes, usar mascarilla en espacios cerrados si hay síntomas y evitar el contacto con otras personas cuando se presenta fiebre o malestar respiratorio. Estas acciones simples continúan siendo una barrera eficaz para proteger a los grupos más vulnerables y reducir el impacto de una temporada respiratoria que se presenta particularmente desafiante.

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