Las fiestas de música electrónica están marcadas por dos tendencias: cada vez hay un control más laxo sobre quienes entran a estos eventos -ingresan chicos de 14 años-, y por otro lado, al no ser legal la droga, muchos de los estupefacientes de diseño que se consumen no están verificados. Te venden por éxtasis cualquier cosa. Y la droga impura genera los efectos adversos.
Por ejemplo, el primer día de la fiesta con unos amigos pegamos unas rolas marca Homero (pastilla de éxtasis). Se supone que sólo debería tener MDMA, que tarda entre 30 y 40 minutos en hacer efecto y genera muy pocos efectos adversos cuando es pura. Sin embargo, a los 10 minutos de tomarla ya estaba enérgica y sudando. Eso significa que la droga que compré contenía otra cosa aparte de lo que yo quería tomar, pero no me di cuenta hasta que estaba en mi organismo». Lo cuenta Paula, de 21 años, de un tirón. Ella, al igual que otras 50 mil personas, asistió el martes 19 y el sábado 23 al Ultra Music Festival, que se celebró en Costanera Sur y terminó en tragedia. El saldo fue de dos muertos, de 28 y 30 años. Aunque poco se sabe sobre la dosis que terminó con el fallecimiento de ambos, las causas bien podrían estar representadas en el relato de Paula: médicos del hospital Argerich, donde fueron trasladados los jóvenes, dijeron que llegaron en estado crítico y que la causa de los decesos fue «presunta intoxicación». El cóctel de drogas sintéticas y alcohol habría sido la mezcla fatal que terminó con la vida de estos jóvenes y destapó el lado oscuro de las fiestas rave. La desprotección de los que asisten a estas fiestas alcanza todos los niveles. Empresarios fantasma con prontuario delictivo que se niegan a hablar con la prensa; el Estado ausente en materia de reducción de daños y consumo responsable y el Gobierno de la Ciudad, que no permite recitales de bandas como La Renga o el Indio Solari en espacios públicos por considerarlos «inseguros», pero habilita las fiestas electrónicas, incluso en predios propios, con total facilidad. El debate sobre las drogas y las fiestas electrónicas es histórico. Pero las dos muertes del último festival visibilizaron un tema que sólo se debatía puertas adentro. ¿En qué consiste el «cóctel de la muerte»? ¿Cuáles son los límites de los empresarios? ¿Quiénes son responsables de fomentar un consumo responsable? Usuarios, djs y especialistas en toxicología responden estos interrogantes. Según los datos del Observatorio Argentino de Drogas, en 2010, el 46,8 por ciento de los drogodependientes combinaba más de dos drogas y, en ocasiones, acompaña las ingestas con alcohol. Todo parecería indicar que el número va en ascenso, incluso para el consumo recreativo. Lo cierto es que la mezcla de ciertas drogas con el alcohol o el exceso de pastillas «adulteradas» conforman una ecuación de defunción segura. En terminología médica la llaman «intoxicación» pero los amantes de la noche prefieren «cóctel de la muerte». La idea es tomar «algo para subir» y otra cosa para contrarrestar los «efectos negativos». Nadie advierte de las consecuencias. En el operativo de seguridad a la entrada de la fiesta, bajo la supervisión del Ministerio de Seguridad, se secuestraron 115 pastillas de éxtasis (a razón de $ 65 cada una), 22 envoltorios con cocaína ($ 100 por gramo), seis cigarrillos y cuatro envoltorios de marihuana ($ 120/150 los 25 gramos), tres cápsulas de MDMA ($ 100), ocho troqueles de LSD 25 ($ 65), y cinco frascos de Ketamina líquida ($ 500). La confiscación parece ínfima respecto de los estupefacientes que circularon en el predio. Para tener una idea del gasto promedio de un asistente a una rave, además del ticket (unos $ 350), Paula gastó aproximadamente 200 pesos: «3 pastis por noche, más un cuarto de pepa, más faso» y cerca de 100 en botellitas de agua ($ 40 cada una). Para detectar drogas impuras uno de los mecanismos que se utiliza en Europa es la instalación de puestos de control de calidad, según cuenta Graciela Touzé, investigadora de la UBA y presidenta de la Asociación Civil Intercambios: «La idea es ofrecer dentro del espacio festivo un stand para analizar la sustancia a consumir que permite conocer el grado de pureza o adulteración de la droga. No tiene nada que ver con la sala de un hospital. Las personas a cargo de estas políticas suelen ser muy similares a las que van a bai- EN BOLICHES DE EUROPA HAY PUESTOS DE CONTROL DE CALIDAD DE DROGAS. «LAS PERSONAS A CARGO DE ESTAS POLÍTICAS SUELEN SER MUY SIMILARES A LAS QUE VAN A BAILAR. LA IDEA ES GENERAR CONCIENCIA», DICE GRACIELA TOUZÉ, DE LA ASOCIACIÓN CIVIL INTERCAMBIOS.
Es muy triste que dos personas que salieron una noche esperando, seguro, pasarla bien, hoy estén muertas. Más triste es que casi todo el mundo sepa que no es la primera vez que alguien se muere en una fiesta por consumir sustancias alegremente sin estar al tanto de los riesgos, y que esas sustancias, de ningún modo controladas, puedan contener quién sabe qué ingredientes perjudiciales para la salud. Muchísimo más triste es que la enorme información disponible para reducir riesgos y daños, a causa de la prohibición, no tenga la difusión suficiente para que nunca nadie más ponga en riesgo su vida, por ejemplo, por consumir una pastilla adulterada, por mezclar sustancias que no son compatibles o por excederse en la dosis. Pero aún mucho más triste es, ante la desgracia, escuchar a los opinólogos de siempre decir que la culpa la tienen los muertos, porque no supieron «divertirse sanamente». Deberíamos trabajar en reconocer y respetar que las drogas, además de curarnos, nos pueden dar experiencias placenteras. Consumir sustancias no es siempre problemático. Depende de la persona, de su organismo, de lo que consume, del entorno en el que lo hace y de la información de la que dispone. Por eso la única forma de evitar muertes futuras no es prohibiéndolas o condenando a quienes las usan, como hasta ahora, sino educando, previniendo y testeando. Ante la impotencia que nos da la muerte, siempre es poco lo que se puede decir. Por suerte, hay varias cosas que sí podemos hacer para evitar otras en el futuro. lar. La idea es despertar empatia y generar conciencia». Carlos Alfonsín, disc jockey de la movida nocturna desde los ´80, resalta que «la música es lo importante, lo que nos mueve a la gran mayoría de los que vamos a una fiesta. Es una pasión y sin dudas la música no se mancha. Es una lástima que haya sucedido esto (las dos muertes) y si bien no formé parte de la artística de ese evento esto podría haber pasado en cualquiera de los muchos eventos en los que participamos. Nos queda ahora la tarea de hacer tomar conciencia y educar más, para que haya cada vez menos problemas con las drogas, el alcohol, la violencia en la sociedad». La toma de conciencia que plantea Alfonsín tiene que ver con realizar políticas de reducción de daño. Touzé afirma que «el trabajo preventivo en ambientes festivos o recreativos es una línea de acción casi inexistente en la Argentina. En otros países se realizan diferentes estrategias, como acercarse a las raves y tomar contacto directo con los consumidores entregándoles folletería o dialogando sobre características y efectos de las sustancias así como combinaciones no aconsejables, como el éxtasis con el alcohol». Para incorporar políticas de reducción de daños no hace falta mirar a Europa. La excusa de que en la Argentina no se aplican porque «atraviesa una realidad distinta a la de Holanda o Portugal» queda desechada cuando uno observa el trabajo que hace la Junta Nacional de Drogas de Uruguay, acá enfrente. Algunas de las políticas que aplica el gobierno uruguayo son la instalación de carpas en los predios de las fiestas donde se reparte agua gratuita bajo el lema «La sed sácatela con agua» o afiches en las puertas de los baños de los boliches con mensajes que apuntan directo a disminuir el riesgo de los usuarios: «Al consumir cocaína vía nasal alterna su consumo por las dos narices. Inclina la cabeza de costado. De esa manera reducís el riesgo de dañar tu tabique. Mientras estás consumiendo mastica chiclets sin azúcar para aumentar la salivación.
Entre los auspiciantes de la fiesta se destacó Clarín, que transmitió en vivo el evento desde su página web y promocionó el «UMF Bs. As.» desde Facebook y otros portales del Grupo. Llamativamente, todo el énfasis que puso en la previa no se correspondió con el después. En contraste con la extensa cobertura que hicieron otros medios, el diario se limitó a reproducir un escueto cable de la agencia DyN donde no se menciona el nombre completo de la rave. Recién dos días más tarde se publicó una nota completa sobre lo sucedido. Entre los comentarios, algunos lectores denuncian el escaso tratamiento que le dio el multimedios a la noticia: «Menos mal que no fue una fiesta K si no sería tapa del diario nooo», escribió Marcelo Rosales. Mariana Giménez sentenció: «2 menos… vayamos limpiando las fiestas x favor de esta gente que no sabe disfrutar si no consume algo». A lo que Juan Ignacio Cibello responde: «No generalicen, yo anoche fui a la Ultra, la pase re bien, no tomé nada que me pueda dar vuelta como una media. Esto se llama ignorancia, anoche vi gente tomándose 5 pastillas». «El sábado mientras estaba bailando había una pareja que de repente sacó una bolsita con coca, metió el dedo y se la aspiró delante mío. Quedé shockeado, fue la primera vez que vi el consumo de cocaína en vivo. Conseguir droga es re fácil, basta con gritar ´¿Alguien vende pasti?´ y listo. Yo no consumo pero muchos de mis amigos sí y llegaron a gastar 700 pesos cada uno entre aguas y pastillas adentro de la fiesta». De esta forma, Juan, de 22 años, resume su experiencia. Sobre los dos jóvenes muertos, agrega: «Mi opinión es que fue mala suerte porque drogados estaban el 90 por ciento de los que fueron». En relación a la responsabilidad de los empresarios, Touzé hace foco en no cortar el agua fría en los baños -como se denunció en varias fiestas- y vender las botellas de agua a precios razonables para evitar la deshidratación. «El empresario no es responsable de hacer salud pública pero debería colaborar con algunas cosas», concluye la especialista. El 19 de febrero, las entradas costaron 320 pesos, y el 23, 390. En total se estima que asistieron 50 mil personas, lo que suma una facturación de al menos 18 millones de pesos. Esto, sin contar sponsors y venta de bebidas dentro de la fiesta. Un negocio redondo desde el punto de vista de los organizadores. Es sabido que las fiestas electrónicas dejan ganancias y que la demanda va en ascenso, lo que explica el crecimiento exponencial de estos eventos. Pero las muertes en Costanera Sur visibilizaron que no todo es punchi punchi y que a veces unas horas de éxtasis y placer pueden terminar en tragedia. El debate está planteado. Ahora hay que hacerse cargo.
En los últimos 15 años se adoptó a las sustancias prohibidas como algo común: la gente de menos de 25 años no lo ve como una rotura de las reglas. Todo el mundo sabe que se consume en una fiesta electrónica. En 1987 voté por primera vez en las Naciones Unidas por la reducción de daños. A nivel oficial no hay nada en el país al respecto. Sí hay ONGs que proponen enseñar sobre el uso de determinadas sustancias, como en Uruguay. Son medidas de reducción a tener en cuenta porque son realidades que pasan. Pero la sociedad en general parece acostumbrada a que es mejor no decir nada. Hay una cuestión muy caradura por la que no se quieren ver las cuestiones de fondo. El consumo de drogas sintéticas tiene que ver con una suerte de hedonismo y la sensación falsa de placer extremo. La contratara es un grado de angustia y de duda importante de gente que está encerrada en un esquema personal y no tiene un proyecto. Excluyo al adicto, que son 3 o 4 de cada 100 personas a nivel mundial. Hay que darse cuenta de que los usos extensivos e intensivos sin acostumbramiento y sin criterios, ni enseñanza, pueden devenir en lo que pasó el otro día en la fiesta UMF. No hay advertencia sobre lo que es el consumo ni de qué manera se consume. Debemos entender la sociedad cómo está, qué hace y hacia dónde va. Ofrecer enseñanza, advertencia y atención permanente. Con propagandas claras que den conciencia de que esto no se arregla con prohibiciones y decretos de nocturnidad. Esto se arregla con educación, perspectivas y anclaje en la vida. Veintitrés.-









