El suicidio alcanzó una tasa récord en Argentina y preocupa su impacto entre adolescentes y jóvenes
Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, una jornada que este año encuentra a Argentina frente a un escenario especialmente preocupante. Durante 2025 se registraron 5.209 muertes por esta causa, un 22,6% más que las 4.249 contabilizadas durante el año anterior.
Por Dr. Daniel Cassola
La tasa nacional pasó de 9,7 a 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes, el nivel más alto registrado en el país. Además, el suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta en Argentina: durante el mismo período hubo 3.583 fallecimientos por siniestros viales y 1.676 homicidios dolosos.
El fenómeno también forma parte de una tendencia regional. Las Américas constituyen la única región de la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde la mortalidad por suicidio aumentó desde comienzos de siglo. Entre 2000 y 2021, la tasa pasó de 7,8 a 9,2 fallecimientos cada 100.000 habitantes, un incremento del 17,4%.
A nivel mundial, la OMS estima que más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año y sostiene que una proporción de estas muertes puede prevenirse mediante intervenciones oportunas.
Adolescentes y jóvenes, entre los grupos que generan mayor preocupación
Uno de los datos que concentra la atención es el impacto sobre las edades más tempranas. En las Américas, la tasa de suicidio entre personas de 10 a 24 años aumentó un 38% entre 2000 y 2021: pasó de 5,7 a 7,84 muertes cada 100.000 habitantes.
En Argentina, los informes también advierten sobre el peso creciente del problema entre adolescentes y jóvenes. La situación llevó a reforzar la necesidad de detectar tempranamente señales de alarma y garantizar espacios donde puedan expresar situaciones de sufrimiento.
No existe una única causa detrás de una conducta suicida. Se trata de un fenómeno multifactorial en el que pueden intervenir condiciones sociales, familiares, económicas, afectivas y sanitarias. Entre los factores asociados aparecen el aislamiento, la violencia, la discriminación, los duelos, las dificultades vinculares, los consumos problemáticos y los obstáculos para acceder a servicios de salud mental.
En adolescentes, además, pueden adquirir relevancia el hostigamiento y la exclusión tanto en ámbitos presenciales como digitales. La exposición permanente a las redes sociales puede añadir presión mediante modelos de belleza, éxito, relaciones y estilos de vida difíciles de alcanzar.
La depresión mantiene una relación importante con las conductas suicidas, pero no explica todos los casos. Una persona puede atravesar una crisis suicida sin contar previamente con un diagnóstico de enfermedad mental, especialmente ante situaciones que superan sus posibilidades de adaptación y generan una intensa sensación de desesperanza.
La prevención requiere detectar señales y facilitar el acceso a la ayuda
El Día Mundial de la Prevención del Suicidio busca precisamente instalar una mirada preventiva y reducir el estigma que todavía rodea a la salud mental. La identificación de cambios persistentes en el comportamiento, expresiones de desesperanza, aislamiento u otras señales de sufrimiento puede facilitar una intervención temprana.
Las estadísticas también muestran diferencias según el sexo. Las muertes por suicidio son más frecuentes entre los hombres, mientras que los intentos se registran con mayor frecuencia entre las mujeres. Entre las posibles explicaciones aparecen factores culturales que dificultan que algunos varones manifiesten vulnerabilidad o busquen ayuda cuando atraviesan una crisis.
Argentina comenzó además a ampliar la información disponible sobre el problema. Desde 2023, los intentos de suicidio son un evento de notificación obligatoria, una medida que permite conocer con mayor precisión su magnitud y generar datos para orientar las estrategias sanitarias.
