Hay que evitar un “abril negro”
Fuente: El Ancasti
Tal vez no haya suficientes motivos para suponer que abril vaya a terminar siendo una suerte de “mes negro”, por la protesta sindical que ya han iniciado los docentes y a la que seguirán otros agrupamientos gremiales dispuestos a sumarse a la demanda activa de un incremento salarial no menor del 30%. Pero no hay duda de que el campo está azufrado y las advertencias de los sectores dan pábulo a la creencia de que si, al final, ocurriera que la oscuridad no fue tanta, tampoco podría esperarse un abril con los resplandores que el nombre de este mes sugiere.
Un dato imposible de soslayar, en el caso de los docentes, es el que mostró que en el interior de la provincia la beligerancia es mayor, hasta el punto de que, en lo que respecto a ATECA, su dirigencia debió alterar su actitud menos irreductible que la de las bases y disponer el paro por 48 horas, que concluye hoy. UDA y SADOP también estuvieron de paro ayer, SUTECA lo tendrá hoy y el Frente Gremial Estatal, recién constituido por gremios docentes, ASPROSCA (de la Salud), el gremio de los No Docentes, del IPV y de asociaciones de jubilados ha convocado a un paro general para el 17 de este mes, jornada en que además, tendrá lugar una manifestación pública y una conferencia de prensa, anunciada, ésta, para mañana.
La situación de los trabajadores de la salud es anterior a la discusión actual por los salarios, pero la coyuntura los encuentra igualmente en estado de franco descontento por la negativa del Gobierno a conceder aquel incremento del 30% que ellos también han levantado como bandera de reivindicación laboral.
Otra circunstancia debe destacarse: todas las organizaciones han adelantado su decisión de endurecer la protesta si el Gobierno mantuviera su negativa. De lo que se desprende que abril será tiempo de conflictos y de actividad perturbada por el ausentismo y el malestar social. Tiempo de prueba para los funcionarios y para los trabajadores. En otro orden de cosas, tiempo de frustración para una provincia ya carcomida por la baja calidad educativa, por las limitaciones del servicio público de salud, y de las otras áreas de la Administración Provincial.
Así las cosas, no hay perspectivas de salir de la encerrona. El Gobierno asegura que no está en condiciones de ofrecer el 30% de aumento pedido. Los trabajadores son por demás enfáticos cuando sostienen que los niveles salariales actuales están lejos de cubrir las necesidades elementales. Y que un incremento de menos de 30% ya ahora es insuficiente o está a punto de licuarse ante el incesante progreso inflacionario.
Los argumentos del Gobierno y los del los gremios no son juicios opuestos, pues ambos tienen su grado de razón. Por esto, la normalidad de la provincia reclama gestos, pero no exclusivamente de los trabajadores. El paso más largo deberá hacerlo la patronal estatal, que tiene la posibilidad de redistribuir los recursos del presupuesto. Por su parte, los asalariados tendrán que facilitarle la operación reexaminando sus demandas. Sólo la buena voluntad de las partes generará el acuerdo que la sociedad espera y necesita. Hay muchísimo por hacer, transformar y generar en la provincia como para demorarse en desencuentros que en el futuro parecerán inexplicables.
