Las vacunas actualizadas siguen siendo clave para reducir las muertes por COVID-19

A seis años de los primeros reportes de neumonía en Wuhan, el COVID-19 dejó de ser una emergencia sanitaria internacional, pero continúa representando un riesgo relevante para la salud pública.

Por Dr. Daniel Cassola

Así lo advirtió la Organización Mundial de la Salud (OMS), al alertar que el virus SARS-CoV-2 sigue causando hospitalizaciones y muertes, incluso en regiones con sistemas sanitarios robustos como Europa. La evidencia más reciente confirma, sin embargo, que las vacunas actualizadas mantienen una alta efectividad para prevenir los cuadros graves y los desenlaces fatales.

El 31 de diciembre de 2019 marcó el inicio de una crisis sanitaria global sin precedentes. Más de tres años después, en mayo de 2023, la OMS declaró el fin de la Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, tras un saldo estimado de más de 6,9 millones de muertes en el mundo. Desde entonces, el virus no desapareció: pasó a una fase endémica con circulación sostenida y un impacto que, aunque menor que en los picos pandémicos, sigue siendo significativo.

Con ese diagnóstico, la oficina regional de la OMS para Europa reforzó, junto a los ministerios de salud de distintos países, la vigilancia de infecciones respiratorias graves a través de la red EuroSAVE. El objetivo fue evaluar el comportamiento del COVID-19 en el período posterior al fin de la emergencia y medir el impacto real de las estrategias de vacunación.

Uno de los estudios analizó casi 4.000 hospitalizaciones por infecciones respiratorias agudas registradas entre mayo de 2023 y abril de 2024. Los resultados mostraron que cerca del 10% de los pacientes internados tenían COVID-19. Más de dos tercios eran mayores de 60 años y una proporción similar presentaba al menos una enfermedad crónica, precisamente los grupos para los que la OMS recomienda refuerzos anuales con vacunas actualizadas.

El dato más preocupante fue la baja cobertura vacunal. Solo el 3% de los pacientes hospitalizados había recibido una dosis contra el COVID-19 en los doce meses previos. En ese contexto, la gravedad de los cuadros fue elevada: el 13% necesitó ingreso a unidades de cuidados intensivos y el 11% falleció. Para la OMS, estas cifras reflejan que el virus sigue teniendo un impacto comparable, e incluso superior en algunos casos, al de otras infecciones respiratorias como la influenza.

Otro análisis de EuroSAVE comparó pacientes hospitalizados por COVID-19 y por gripe durante el período 2022–2024. Los resultados indicaron que quienes cursaron COVID-19 presentaron con mayor frecuencia desenlaces graves, como requerimiento de oxígeno, internación en terapia intensiva y muerte. Esto refuerza la idea de que la enfermedad no puede ser subestimada, aun en un escenario pospandémico.

Frente a este panorama, los estudios sobre efectividad vacunal aportan un mensaje claro. Una investigación realizada en Kosovo durante tres años reveló que una dosis aplicada en los seis meses previos fue 72% efectiva para prevenir hospitalizaciones y 67% efectiva para evitar cuadros críticos, incluyendo el ingreso a cuidados intensivos y la muerte. Otro análisis, con datos de seis países y territorios europeos, mostró que la vacunación reciente redujo en un 60% el riesgo de hospitalización.

A pesar de estos beneficios, la cobertura sigue siendo insuficiente entre los grupos de mayor riesgo, y en algunos países se suma la dificultad de acceso o disponibilidad de dosis. Desde la OMS advierten que esta brecha expone a adultos mayores y personas con enfermedades crónicas a un riesgo evitable.

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