Argentina enfrenta un crecimiento alarmante de la tuberculosis, con un incremento del 65 % en la cantidad de casos detectados en los últimos cinco años. Esta tendencia, que expertos relacionan con múltiples factores sociales, sanitarios y médicos, obliga a replantear estrategias de prevención, diagnóstico y tratamiento.
Por Dr. Daniel Cassola
Aunque la tuberculosis es una enfermedad prevenible y curable, su situación en el país refleja problemas estructurales en la atención sanitaria. Según datos del Boletín Epidemiológico Nacional, entre las semanas 1 y 14 de 2025 se detectaron 3.488 nuevos casos, cifra que supera notablemente la mediana de 2.530 reportada en los cinco años anteriores, lo que representa un incremento del 38 % en un año, prolongando una tendencia al alza que acumula un 65 % en cinco años.
Este incremento, que ha encendido una señal de alarma en el sistema de salud, refleja una lenta pero constante recuperación después de las caídas provocadas por la pandemia de COVID‑19, cuando muchas consultas y diagnósticos fueron relegados. En 2020 se reportaron 10.896 casos, una cifra inferior a la de años anteriores, pero luego de un repunte del 13,8 % en 2021, la cifra continuó aumentando hasta superar los promedios previos.
Las provincias de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma concentran aproximadamente el 65 % de los diagnosticados. Asimismo, se destacan jurisdicciones como Salta, donde la tasa llega a 49,2 casos cada 100.000 habitantes, muy por encima del promedio nacional, y Neuquén, con solo 4,2.
Las razones del avance son variadas y complejas. Una pieza clave del problema es la interrupción en la atención primaria y los diagnósticos tempranos durante la pandemia. Se registran hoy muchos casos en etapas avanzadas debido a la demora en buscar asistencia médica, lo que agrava el pronóstico y aumenta el riesgo de transmisión.
Otro factor central es la resistencia a los medicamentos. Las cepas multirresistentes (MDR-TB), resistentes a antibióticos de primera línea como la rifampicina e isoniacida, y las ultrarresistentes (XDR-TB) requieren tratamientos más largos, complejos y costosos. La OMS ha alertado que estas cepas constituyen una de las principales barreras para el control de la enfermedad. En Argentina se ha detectado un aumento de estas formas resistentes, complicando los esquemas terapéuticos.
La vacunación insuficiente también incide. Aunque la vacuna BCG es parte del calendario nacional y protege eficazmente contra las formas graves de tuberculosis en infantes, su eficacia es limitada en adolescentes y adultos y no impide todas las infecciones. Las coberturas podrían estar debilitadas en ciertos segmentos socioeconómicos, especialmente en áreas con menores recursos y mayor vulnerabilidad.
Desde el punto de vista social, la tuberculosis ha sido históricamente considerada una enfermedad ligada a la exclusión. Condiciones como hacinamiento, malnutrición, pobreza, adicciones y otras enfermedades crónicas aumentan significativamente el riesgo de infección. Los jóvenes entre 15 y 44 años representan alrededor del 60 % de los casos; en 2021 fueron 12.569 los diagnosticados, de los cuales casi 7.542 pertenecían a ese grupo etario. Esta distribución sugiere que el problema no solo radica en personas mayores o enfermas, sino también en la población activa.
En resumen, el 65 % de crecimiento en cinco años no solo revela un problema epidemiológico, sino un llamado urgente a la acción multifacética. Argentina tiene las herramientas para revertirlo, pero requiere un compromiso sostenido y una mirada global que ponga en el centro el bienestar colectivo.









