Se recomienda preparar la vianda escolar con más énfasis en frutas y verduras, y con agua en vez de bebidas azucaradas
Chicos que no se alimentan bien y que tienen sobrepeso porque ingieren cantidad de calorías que no aportan nutrientes, preocupan a padres y a colegios. Sin embargo, los quioscos y las viandas escolares siguen ofreciendo alimentos fáciles, ricos en grasa y azúcar, pero poco saludables
Cambiar los hábitos, difícil, pero no imposible
El 31,9% de los chicos y adolescentes en edad escolar tiene sobrepeso o es obeso, según el estudio Hacia el Mapa de la Obesidad en Argentina de octubre de 2012, realizado por la Sociedad Argentina de Obesidad y Transtornos Alimentarios (Saota) y el Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (Cesni). Sin embargo, el ámbito escolar sigue siendo, en comedores y quioscos, un espacio de consumo de calorías vacías, es decir aquellas que no aportan nutrientes y sí calorías.
«Es importante que los padres y adultos de la comunidad escolar comprendan que el sobrepeso y la obesidad están asociadas a enfermedades como la diabetes, la hipertensión, que en la actualidad también se presentan en los chicos», alerta la licenciada Paula Gomes, del Cesni.
Una investigación realizada por integrantes del Programa Nutricional, Ministerio de Salud del GCBA y publicada en la revista Salud Colectiva en 2011 con el título Alimentación infantil en el ámbito escolar: entre patios, aulas y comedores, arroja luz sobre los entretelones de la vida escolar, que no difiere de la que transcurre en la vida cotidiana hogareña.
Distintos estudios indican que los patrones de consumo alimentario en la infancia se caracterizan -si bien con variantes- por una ingesta abundante de grasas, azúcares y sodio, y deficitaria en nutrientes esenciales -como calcio, hierro, cinc o vitamina C- y fibra. En estos patrones alimentarios, las golosinas, los snacks o productos de copetín, las gaseosas y jugos artificiales tienen un lugar destacado», dice el informe. Y agrega: «Este tipo de consumos se da tanto en los hogares como en el ámbito escolar, a menudo entre horas y acompañando los momentos de recreación.
Precisamente se ha asociado la alta prevalencia de sobrepeso en la infancia con el llamado picoteo o snacking, sumado al creciente ocio sedentario (entretenimiento televisivo o electrónico). Y en particular, a menudo se destaca el snacking durante la jornada escolar, centrando la mirada en la oferta de los quioscos escolares».
Algunos datos que se desprenden del estudio son curiosos porque desnudan contradicciones: «Cuando dentro de la escuela hay quiosco o buffet, un 43% de los padres refirió que sus hijos/as compran allí alimentos o bebidas para consumir durante los recreos, y un 26% manifestó que los llevan desde la casa. En las escuelas que no tienen venta dentro del establecimiento, un 38% refirió que efectúan la compra camino a la escuela y un 37% de los padres manifestó que los alimentos/ bebidas para el recreo son llevados desde el hogar. Esto nos está hablando de una organización previa de la compra y, por tanto, de una previsión desde el hogar del tipo de productos destinados para el consumo informal en la escuela. Los más mencionados fueron: jugos, gaseosas, alfajores, galletitas dulces, caramelos/chupetines, papas fritas/ chizitos. Estos datos están en línea con un estudio El estado de la alimentación saludable en Argentina 2011, producido por un equipo de la Escuela de Nutrición de las universidades nacionales de Buenos Aires (UBA) y Entre Ríos (UNER), y dado a conocer en octubre.
La argentinidad gastronómica incluye múltiples alimentos que no aportan nutrientes, pero sí calorías. El número uno recae sobre las facturas, que alcanzan el dudoso privilegio de representar el 25% de las calorías dispensables. Le siguen las galletitas dulces secas (22%), las crackers (20%) y las rellenas (15%). Los tan argentinos alfajores cubren el 8% de los prohibidos más consumidos y las barras de cereal, 3%. La mayoría, productos presentes en los quioscos escolares.
Una legislación que propone quioscos saludables todavía navega en la incertidumbre en varias regiones nacionales, aunque tuvo éxito en aquellas provincias donde se aplicó, como San Luis, según comenta Paula Gómez. Y asegura que es auspiciosa la creciente incorporación de nutricionistas en los comedores escolares, donde también el agua suele brillar por su ausencia.
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