El Papa contra la tragedia de la cultura del descarte
Por Dr. Daniel Cassola
Ayer fue un día histórico para todos los que abogamos por la causa de la tercera edad. Durante la jornada del domingo se llevó adelante la primera jornada internacional por la tercera edad en el Vaticano, presidida por el Papa Francisco.
El lema del encuentro fue “la bendición de la larga vida”, y la idea central que rondó a la jornada fue de oposición a lo que el Papa llama “la tragedia de la cultura del descarte”.
Esto refiere no solo a la situación social y económica de los más viejos en las sociedades occidentales, sino también a una cuestión cultural.
Según Francisco hay pueblos que no custodian a sus ancianos, “con actitudes tras las cuales hay una eutanasia escondida”. El mensaje nos parece claro: mientras continúe la exclusión y la indiferencia para con las necesidades y derechos de los adultos mayores lo que estamos haciendo es acortando su vida.
Por eso el encuentro se presentó con una noción muy clara. El arzobispo italiano Vincenzo Paglia introdujo a la reunión como una ocasión para “reafirmar que los ancianos no solo son objeto de atención y cuidados sino también sujetos de una nueva perspectiva de vida”.
La expectativa de vida ha crecido. Es un hecho. Pero el Vaticano nota que este dato no ha llevado aparejado un enfoque pertinente por parte de la política, la economía y la cultura. La idea es replantear la noción de ancianidad y su lugar en el mundo.
Para que la sociedad sea más justa y participativa se debe enriquecer con la participación efectiva de la tercera edad. Queda muy claro que no deben ser considerados como inútiles solo por pertenecer a este segmento de la población que es el más añoso.
Una última idea que vale la pena rescatar es que cuando en la vejez la vida se vuelve frágil no por ello pierde su valor e importancia. Para ello es fundamental la comunión entre generaciones porque la interacción entre personas de diferentes segmentos es fundamental para la inclusión social.
En síntesis, es de suma importancia que uno de los liderazgos políticos, religiosos y culturales más importantes del mundo, como es el que ejerce en estos momentos Francisco, impulse las reformas que la tercera edad necesita para integrarse plenamente a la sociedad.
Esperemos que los dirigentes de otros ámbitos escuchen el mensaje.

