La demencia no tiene por qué ser el final de la historia

Con hábitos de vida saludable se puede impedir que la demencia sea el estadío final de nuestras vidas.
Por Dr. Daniel Cassola
La medicina y la tecnología avanzan sensiblemente. Pero también progresan los conocimientos científicos que se obtienen sobre el cuerpo y su mecanismo de envejecimiento.
Hasta no hace mucho tiempo podíamos pensar que la demencia en la etapa final de nuestras vidas era una lotería o, peor aún, un desenlace inevitable.
Poco a poco esta creencia se está desterrando. La medicina se está volcando a pensar que las demencias seniles están conectadas con el medioambiente y el desarrollo vital de las personas.
Los riesgos no se pueden eliminar por completo pero ya se pueden reducir sensiblemente. Un slogan posible es: “Lo que le hace bien al corazón, le hace bien al cerebro”.
O sea, todas las conductas que son útiles para prevenir infartos tienen un efecto similar sobre las posibilidades de caer en la demencia senil.
Hoy los especialistas en neurociencias consideran que al menos la mitad de los cuadros de demencia se explican por factores cardiovasculares o medioambientales. Por ejemplo, el 14 por ciento de los casos se relaciona con el tabaquismo.
Además de no fumar se aconseja controlar los factores de riesgo cardíaco. Para ello hay que mantener al peso, la presión arterial y la glucemia dentro de límites saludables.
También es crucial la actividad física, con al menos una caminata diaria de media hora. Y para los adultos mayores resulta muy importante el mantener los lazos sociales, ya sea en el ámbito laboral o familiar. O en cualquier otro.
El estudio de las demencias como patologías relacionadas con el ambiente lleva a concluir que enfermedades como el Alzheimer son diferentes en distintos lugares. No es lo mismo Argentina que Inglaterra o Paraguay.
Y dentro del país, también hay diferencias entre las regiones. En la Patagonia se considera que un factor de riesgo del Alzheimer muy importante es el elevado consumo de carnes rojas y sal.
En cambio, en el nordeste del país el factor de riesgo principal es la falta de educación. Y cuando decimos falta de educación nos referimos concretamente a la baja tasa de escolaridad (comparada con el resto del país).
Según los científicos, la educación es uno de los principales factores asociados con la salud cognitiva. En ningún momento de la vida hay motivo alguno para jubilar al cerebro.
Como hemos visto, si nos cuidamos, tampoco hay por qué terminar nuestros días en un cuadro de demencia.
