La lealtad, un valor que va más allá de uno mismo
Por Dr. Daniel Cassola
Hay muchos conceptos que tanto en los medios de comunicación como en la vida cotidiana se repiten miles de veces de manera prácticamente automática. Quizás estemos pronunciando una palabra que no sabemos de donde proviene y qué significados tiene.
Por ello hoy queremos hacer un comentario sobre la lealtad. A diario oímos hablar de la lealtad como un valor positivo, y de su falta, o sea de la deslealtad, como una de las peores acciones que un hombre puede cometer.
Revisemos primero el origen del término. Se cree que la palabra se forjó en la Europa feudal del siglo XV. Proviene del vocablo latín “lex”, que quiere decir ley. Entonces, en un primer momento, la lealtad era ser leal a la ley.
En esos tiempos la ley era sinónimo de gobierno. Los reyes eran la ley. Por eso las primeras definiciones de lealtad son:
– Adhesión al soberano o al gobierno establecido del país de uno.
– Devoción personal y reverencia al soberano y a la familia real.
Pero como sabemos los tiempos cambian todo, incluso las palabras. Con el correr de la historia la lealtad fue acumulando otros significados. Se la asocia con cuestiones más mundanas, como por ejemplo la fidelidad de los perros hacia su amo. O la lealtad personal para con un grupo de personas, amigos, familia o incluso una pareja.
Con un sentido más amplio se asocia a la lealtad con la patria. A los nueve o diez años todos los chicos argentinos escolarizados juran su lealtad a la bandera.
De esta manera podemos llegar a una definición más actual de la lealtad. Al jurar a la patria, uno está asumiendo un compromiso con una causa que va más allá de las personas. O sea, para ser leal, para que un acto esté dotado de lealtad, el mismo debe exceder la cuestión del beneficio personal. En otras palabras, cuando alguien hace algo que le conviene por motivos personales no puede aducir que lo hace por lealtad. Para ser leal, la acción debe tener un compromiso con una causa mayor y objetiva. No está ni bien ni mal, pero el beneficio propio no califica de esa manera.
En definitiva, ya sea que tomemos las definiciones más antiguas o las más modernas, hay un rasgo en común de la lealtad. No pueden ser tomados por leales quienes no hacen más que mirar el propio ombligo.
Por último, y a modo de cierre, les dejamos una frase de Ramón Carrillo, primer ministro de Salud de la Argentina, quizás uno de los personajes más olvidados de nuestra historia.
Decía Carrillo: “La Lealtad es cosa de la que todo el mundo habla y muy pocos la practican, por la sencilla razón de que no es una posición espiritual al alcance de todo el mundo, ni todo el mundo está preparado para ser leal”.

