Embarazo, lactancia y sustancias psicoactivas: alertan por los riesgos en la salud infantil

La exposición a sustancias psicoactivas durante el embarazo y la lactancia preocupa cada vez más a los profesionales de la salud por sus posibles efectos sobre el desarrollo fetal, neonatal e infantil.

Por Dr. Daniel Cassola

Aunque muchas veces se trata de una problemática invisibilizada, el consumo de alcohol, tabaco, cannabis, cocaína, pasta base, inhalantes y otras sustancias durante estas etapas puede generar consecuencias significativas tanto para la persona gestante como para el bebé.

La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), a través de su Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos y del Comité de Estudios Fetoneonatales, difundió un documento de actualización y concientización sobre esta problemática. El trabajo reúne evidencia científica reciente y plantea recomendaciones para mejorar la prevención, la detección temprana y el abordaje integral de los consumos problemáticos durante la gestación y la lactancia.

Uno de los puntos centrales del documento es que prácticamente todas las drogas de consumo frecuente pueden atravesar la placenta y llegar al feto en desarrollo. Algunas también pueden excretarse a través de la leche materna, prolongando la exposición durante los primeros meses de vida. Esto convierte al embarazo en una etapa especialmente sensible, pero también en una oportunidad clave para la intervención sanitaria.

En Argentina, los datos disponibles muestran que el consumo de sustancias psicoactivas continúa siendo una realidad entre mujeres en edad reproductiva. Según información citada por la SAP, la prevalencia de consumo de sustancias ilícitas en mujeres de 16 a 45 años alcanza el 12,7% para cannabis, 2,3% para cocaína o pasta base y 1,1% para otras sustancias. En el caso del alcohol, la prevalencia llega al 84,7%, mientras que para tabaco se ubica en el 49,2%.

Sin embargo, los especialistas advierten que la magnitud real del problema podría ser mayor. El subregistro es uno de los grandes desafíos, ya que muchas personas no informan espontáneamente estos consumos durante los controles médicos por miedo al juicio social, la culpa, el estigma o posibles consecuencias legales. Según el documento, las entrevistas y cuestionarios pueden subestimar el consumo real entre dos y cuatro veces frente a métodos biológicos de detección, como análisis de orina, cabello o meconio.

El alcohol continúa siendo una de las sustancias más preocupantes. Los expertos remarcan que no existe una cantidad segura de consumo durante el embarazo. La exposición prenatal puede causar trastornos del espectro alcohólico fetal, que incluyen restricción del crecimiento intrauterino, alteraciones cardíacas, anomalías faciales y compromiso neurológico. A largo plazo, los niños expuestos pueden presentar dificultades de aprendizaje, trastornos de conducta, problemas de atención y alteraciones del neurodesarrollo.

El tabaco y los productos con nicotina también implican riesgos importantes. La nicotina atraviesa la placenta, afecta la oxigenación fetal y puede alterar el crecimiento intrauterino. Además, se asocia con mayor riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante y mayor vulnerabilidad a infecciones respiratorias durante la infancia.

En los últimos años, el cannabis adquirió especial relevancia por el aumento de su consumo y por la percepción errónea de que se trata de una sustancia inocua. La SAP advierte que el THC, principal componente psicoactivo de la marihuana, atraviesa la placenta y puede acumularse en el cerebro fetal en desarrollo. También puede concentrarse en la leche materna en niveles superiores a los observados en sangre, por lo que se desaconseja su consumo durante la lactancia.

La exposición prenatal al cannabis se ha asociado con bajo peso al nacer, prematurez, restricción del crecimiento intrauterino, muerte fetal y alteraciones del sueño neonatal. También se describieron síntomas compatibles con abstinencia neonatal, como irritabilidad, llanto excesivo y temblores. A largo plazo, los niños expuestos podrían presentar mayor riesgo de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, dificultades en funciones ejecutivas y menor rendimiento en algunas pruebas de desarrollo cognitivo.

El seguimiento no termina con el nacimiento ni con el alta hospitalaria. Los niños expuestos a sustancias durante la gestación requieren controles periódicos para evaluar crecimiento, desarrollo neurológico y posibles dificultades. Detectar a tiempo alteraciones del neurodesarrollo permite intervenir antes y mejorar el pronóstico.

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