Por Dr. Daniel Cassola
El dato surge de un estudio hecho por la Universidad Católica Argentina (UCA), en un contexto en el cual más de la mitad de la infancia argentina sólo cuenta con el sistema público para recibir atención.
Pese a que Argentina cuenta comparativamente con una importante infraestructura de salud pública en las áreas urbanas, el acceso a esos servicios para buena parte de la población está lejos de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud.
Lo que muestra el informe sobre “(In)equidades en el ejercicio de derechos de niñas y niñas” de la UCA son las dificultades que tienen muchas familias para acceder a los servicios de salud.
Como se desprende del estudio, esas dificultades están particularmente asociadas a la mitad de los chicos argentinos que, al no tener obra social, sólo cuentan con los hospitales y salas en los barrios para la atención de su salud. En otras palabras, en medio de la creciente crisis que atraviesa el sistema hospitalario, son precisamente los niños y niñas más vulnerables quienes están pagando el costo en desatención.
No se trata de una situación coyuntural. Según muestra el informe el déficit de acceso a la salud de la infancia es un fenómeno que se ha mantenido casi invariable a lo largo de la última década. Mientras que en 2011 había un 23,4% de chicos menores de 17 años que no habían asistido al médico en el último año, en 2017 eran el 22,4% de ellos los que encuadraban en esa situación.
Lo mismo se observa en lo que hace a las consultas odontológicas, un servicio en el que el déficit de atención es incluso mayor. Así como a principios de esta década un 43,1% de los chicos no había ido al dentista en el último año, en 2017 eran el 44,8% de ellos. Lo que sí ha venido creciendo en forma clara es el porcentaje de la población infantil que carece de una obra social, prepaga o mutual de salud. En el término de la última década, su número pasó del 43,1% a más de la mitad (50,9%).
La deficiencia de consulta al médico de los chicos en Argentina se da con mayor propensión a medida que crecen y ganan autonomía. Mientras que entre los 0 y 4 años se estima que uno de cada diez de ellos no asistió a una consulta médica en los últimos doce meses, entre los 5 y 12 años son ya dos de cada diez y en la adolescencia su número trepa a tres de cada diez.
En lo que hace a la visita al médico, las desigualdades sociales son claramente regresivas para los chicos y chicas más pobres. Quienes están en el estrato social marginal tienen tres veces más probabilidades de no haber consultado al médico en el último año que aquellos que se encuadran en el estrato medio profesional. Mientras que en el primer caso el porcentaje registrado por el estudio de la UCA ronda el 26.4%, es decir uno de cuatro aproximadamente, en el otro está en 9,9%, o uno de cada diez.
Lo cierto es que el hecho de gran parte de la población infantil de nuestro país, que coincide en general con la más vulnerable socialmente, no concurra a los servicios de salud con la frecuencia que correspondería no es un fenómeno aislado. Como se desprende del informe, esto se da en un contexto en el cual esa misma población sufre también serias falencias en cuanto a su alimentación, calidad de hábitat y educación.









