En Argentina se registran unos 300 casos al año de Síndrome Urémico Hemolítico

Por Redacción Curar con Opinión

El Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) constituye una de las enfermedades más graves que afectan a la infancia en Argentina, con un promedio de 300 casos registrados por año. Se trata de la principal causa de insuficiencia renal aguda en niños, aunque puede presentarse a cualquier edad, y su gravedad radica en la combinación de anemia hemolítica, descenso de plaquetas y fallo renal, lo que genera complicaciones que pueden comprometer también otros órganos, como el sistema nervioso central.

De acuerdo con especialistas, la mayoría de los casos en el país son provocados por la bacteria Escherichia coli productora de toxina Shiga, en particular la cepa O157:H7. Esta toxina daña los vasos sanguíneos y afecta principalmente a los riñones, desencadenando el cuadro clínico. El contagio se produce a través del consumo de carne picada mal cocida, productos lácteos o jugos sin pasteurizar, frutas y verduras contaminadas, agua no segura o por deficiencias en la higiene de manos, utensilios y superficies. También es frecuente la transmisión de persona a persona, sobre todo entre niños en espacios cerrados como guarderías o jardines.

Los síntomas iniciales incluyen diarrea acuosa, que en muchos casos se vuelve sanguinolenta, acompañada de dolor abdominal, vómitos y fiebre leve o ausente. A medida que avanza la enfermedad, pueden aparecer palidez, decaimiento, reducción del volumen urinario, somnolencia o irritabilidad. En los casos más severos, el cuadro puede derivar en convulsiones y otros trastornos neurológicos. Frente a estos signos, los profesionales de la salud insisten en la necesidad de realizar una consulta inmediata, ya que la detección temprana es clave para reducir riesgos y complicaciones.

El diagnóstico del SUH se confirma mediante estudios de sangre que permiten identificar anemia y trombocitopenia, además de análisis de función renal que evalúan los niveles de urea y creatinina. El coprocultivo permite detectar la presencia de E. coli. Aunque no existe un tratamiento específico, la atención médica requiere internación, hidratación intravenosa, control de la función renal y, en casos graves, transfusiones o diálisis.

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