La hipertensión arterial fuera de control en Argentina, uno de cada tres adultos convive con el riesgo

Los especialistas coinciden en que el control de la hipertensión arterial en Argentina continúa siendo deficiente. La enfermedad, que afecta a más de un tercio de la población adulta, sigue siendo el principal factor de riesgo cardiovascular y una de las causas evitables de muerte más importantes del país.

Por Dr. Daniel Cassola

A más de 15 años del primer gran relevamiento nacional sobre hipertensión arterial (HTA), los datos apenas se han modificado. La IV Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (2019) reveló que el 34,6% de los adultos padece presión alta, un indicador que refleja un estancamiento preocupante. Detrás de ese número se esconden miles de diagnósticos tardíos y tratamientos interrumpidos.

Según cifras del Ministerio de Salud, en 2023 murieron 99.454 personas por enfermedades cardiovasculares. Se estima que un tercio de esas muertes —más de 33 mil al año, unas 90 por día— podrían haberse evitado con un control adecuado de la presión arterial.

El Dr. Pablo Stutzbach, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, subrayó la magnitud del desafío: cerca del 40% de las personas con hipertensión desconoce su condición. Entre quienes sí están diagnosticados, muchos no reciben tratamiento, y dentro de los tratados, un alto porcentaje no logra alcanzar los valores objetivos recomendados. “No se observan mejoras sustanciales en los últimos 15 años, lo que demuestra un estancamiento crónico en la estrategia sanitaria”, advirtió.

A este panorama se suma un fenómeno emergente: la hipertensión en jóvenes y mujeres embarazadas. El Dr. Sergio Baratta, presidente electo de la misma institución, advirtió que “cada vez se detectan más casos en personas jóvenes, muchas de ellas con daño en órganos blanco ya instalado”. Factores como el sobrepeso, la obesidad y el sedentarismo agravan la tendencia, mientras que la falta de controles impide una detección temprana.

Con el objetivo de revertir esta situación, la Sociedad Argentina de Cardiología participó en la elaboración del Consenso Argentino de Hipertensión Arterial 2025, que propone una actualización integral en la detección, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad. El documento recomienda medir la presión arterial al menos una vez por año y promueve el uso de herramientas como el Monitoreo Ambulatorio de Presión Arterial (MAPA) y el Monitoreo Domiciliario (MDPA), que permiten identificar casos que suelen pasar inadvertidos, como la hipertensión de guardapolvo blanco o la hipertensión oculta.

En cuanto al tratamiento, el consenso sugiere reducir la presión a menos de 140/90 mmHg en la mayoría de los pacientes y a 130/80 mmHg en aquellos que lo toleren bien, especialmente si presentan alto riesgo cardiovascular. Además, desaconseja reducir la presión diastólica por debajo de 70 mmHg para evitar comprometer la irrigación del corazón.

En el plano farmacológico, se mantienen los cinco grupos clásicos de fármacos —IECA, ARA II, beta-bloqueantes, antagonistas del calcio y diuréticos tiazídicos— y se recomienda iniciar con combinaciones en una sola píldora para mejorar la adherencia. En pacientes con enfermedades asociadas, como diabetes tipo 2 o insuficiencia cardíaca, se incorporan nuevos medicamentos que ofrecen beneficios adicionales sobre la presión arterial y la función cardiovascular.

El consenso también resalta la importancia de las medidas no farmacológicas: reducción de peso, menor consumo de sal, aumento de frutas y verduras, actividad física regular, control del estrés, abandono del tabaco y mejora del descanso. Estas acciones, sostienen los especialistas, deben iniciarse desde el primer contacto con el sistema de salud.

Sin embargo, la adherencia continúa siendo el punto débil. La Dra. Mirta Diez, presidenta del Comité Científico del Congreso, advirtió que muchos pacientes abandonan los tratamientos o no cumplen con las recomendaciones dietéticas. “La hipertensión no da síntomas y eso lleva a que el paciente no perciba la necesidad de tratarse. A esto se suma la falta de seguimiento adecuado: las consultas son breves, no se ajustan dosis y no se detectan efectos adversos a tiempo”, explicó.

La hipertensión arterial es silenciosa, pero sus consecuencias son graves. “El sistema cardiovascular funciona como una bomba con cañerías: si la presión es demasiado alta, la bomba se fatiga y las arterias se dañan”, explicó el Dr. Baratta. Las consecuencias abarcan desde infartos y accidentes cerebrovasculares hasta insuficiencia renal y demencia vascular.

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