La fibrilación auricular aumenta el riesgo de ACV: alertan sobre la importancia del diagnóstico y la prevención
Por Redacción Curar con Opinión
La fibrilación auricular (FA), una de las arritmias cardíacas más frecuentes, incrementa hasta cinco veces el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) isquémico, según un estudio realizado en todo el país. La investigación advierte que los episodios de fibrilación auricular pueden elevar el peligro de un ataque cerebral especialmente entre tres y cinco días después de su aparición, lo que resalta la necesidad de una detección temprana y un control médico adecuado.
El ACV constituye la segunda causa de muerte y la principal de discapacidad a nivel global. Afecta a una de cada cuatro personas en el mundo y deja secuelas permanentes en más de 100 millones de individuos. En el marco del Día Mundial del ACV, especialistas remarcan la necesidad de reforzar la educación y la prevención, especialmente en los grupos de mayor riesgo.
En condiciones normales, el corazón late de forma coordinada, permitiendo un flujo sanguíneo continuo. En la fibrilación auricular, sin embargo, las aurículas —las cavidades superiores del corazón— laten de manera rápida e irregular, lo que provoca que la sangre se acumule y se formen coágulos. Si uno de esos coágulos viaja al cerebro, puede bloquear una arteria y causar un ACV isquémico.
El estudio destaca que entre el 0,5 y el 1% de las personas mayores de 70 años presentan fibrilación auricular. Una proporción significativa de los casos se detecta de manera incidental, ya que muchos pacientes son asintomáticos. Los métodos de detección incluyen controles simples como la toma del pulso, electrocardiogramas o dispositivos digitales, lo que facilita la identificación temprana.
Los especialistas subrayan que la prevención más efectiva para reducir el riesgo de ACV en pacientes con fibrilación auricular es el uso de anticoagulantes, siempre bajo supervisión médica. Estos medicamentos evitan la formación de trombos y reducen significativamente la posibilidad de un evento cerebrovascular.
El trabajo también reveló datos preocupantes: una proporción de pacientes de alto riesgo no recibe tratamiento anticoagulante, mientras que otros con bajo riesgo sí lo hacen, evidenciando la necesidad de ajustar los criterios clínicos. Además, alrededor del 15% de los pacientes estudiados presentaron disfunciones tiroideas, un factor que puede contribuir al desarrollo de arritmias.
La fibrilación auricular y el ACV comparten múltiples factores de riesgo —como hipertensión, obesidad, diabetes y sedentarismo—, por lo que los especialistas insisten en la prevención cardiovascular como la herramienta más efectiva para reducir el impacto de ambas enfermedades.
