A medida que se acerca la temporada de invierno, la gripe vuelve a posicionarse como uno de los principales desafíos para los sistemas de salud. Expertos internacionales advierten que cambió el paradigma: la enfermedad dejó de entenderse como un cuadro estacional simple para ser considerada un fenómeno complejo, con múltiples factores en juego.
Por Dr. Daniel Cassola
Este cambio de mirada fue uno de los principales consensos alcanzados en el Flu Forum, un encuentro que reunió a más de cien especialistas de América Latina en Santiago de Chile. Allí se destacó que la influenza no puede analizarse solo como una infección respiratoria, sino como el resultado de la interacción entre el virus, el ambiente y la respuesta inmunológica de las personas.
La gripe es causada por un virus altamente mutable, lo que explica por qué cada año presenta comportamientos distintos. A nivel global, se registran cerca de mil millones de casos anuales, con entre 3 y 5 millones de cuadros graves. En América Latina, puede afectar entre el 16% y el 25% de la población cada año, lo que anticipa un impacto significativo para los próximos meses invernales.
Uno de los aspectos más relevantes para entender la temporada 2026 es el rol del ambiente. Factores como la temperatura y, especialmente, la humedad influyen directamente en la transmisión y supervivencia del virus. Este enfoque permite explicar por qué la gripe no se comporta de manera uniforme y por qué pueden registrarse picos inesperados.
Además, los especialistas alertan sobre el carácter cambiante del virus y el riesgo permanente de nuevas variantes. La circulación de virus de origen animal, como la influenza aviar, suma complejidad al escenario y refuerza la necesidad de vigilancia epidemiológica constante.
Otro punto clave es que la influenza no afecta únicamente al sistema respiratorio. Puede provocar complicaciones graves en todo el organismo, como neumonía, eventos cardiovasculares —incluido un aumento del riesgo de infarto o ACV— e incluso manifestaciones neurológicas. Esto la convierte en una enfermedad con impacto sistémico, especialmente en personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas.
En Argentina, los grupos más vulnerables siguen siendo los adultos mayores, donde se concentra la mayor mortalidad, y los niños pequeños, particularmente los menores de cinco años. A esto se suman factores como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, que incrementan el riesgo de complicaciones.
Frente a este escenario, la vacunación continúa siendo la herramienta más eficaz para prevenir cuadros graves. Sin embargo, los expertos insisten en un aspecto clave: no solo es importante vacunarse, sino hacerlo a tiempo, antes del pico de circulación viral.
En los últimos años también se han desarrollado nuevas tecnologías de vacunas, como las formulaciones adyuvantadas o las producidas en cultivo celular, que ofrecen mejores respuestas inmunológicas en determinados grupos.
De cara al invierno 2026, el desafío no será solo sostener las estrategias tradicionales, sino adaptarlas a este nuevo paradigma. Esto implica reforzar la prevención, mejorar las coberturas de vacunación y entender que la gripe es un fenómeno dinámico, influido por múltiples variables.









