En el marco del 42° Congreso Argentino de Pediatría, realizado en Mar del Plata, quedó en evidencia que los pediatras atraviesan una coyuntura compleja, marcada por transformaciones sociales, sanitarias y tecnológicas que repercuten directamente en su práctica. La especialidad, considerada crítica al igual que terapia intensiva o neonatología, se enfrenta a múltiples obstáculos.
Por Dr. Daniel Cassola
El presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), Javier Indart de Arza, resumió las preocupaciones de miles de profesionales que, en hospitales, sanatorios y consultorios, trabajan diariamente con chicos y adolescentes. Su mensaje buscó reflejar tanto la realidad estructural del sistema de salud como la aparición de problemáticas emergentes que desafían la labor médica.
Uno de los principales problemas señalados es la profunda desigualdad en la atención pediátrica. En distintas provincias y regiones rurales, la infraestructura sanitaria resulta insuficiente y los recursos escasean. La falta de centros de atención adecuados y de profesionales disponibles en zonas alejadas provoca que muchos niños no reciban la asistencia oportuna que necesitan. La inequidad territorial, sumada a carencias de insumos y tecnología, se convierte así en una barrera que atenta contra el derecho a la salud infantil.
Otro aspecto crítico es la fragmentación del sistema de salud, que dificulta la coordinación y la continuidad de los tratamientos. Los pediatras advierten que la burocracia retrasa intervenciones y seguimiento de enfermedades, lo que deriva en pérdida de oportunidades para prevenir o tratar afecciones que podrían resolverse con un abordaje temprano. La falta de articulación entre niveles de atención también incrementa la carga sobre las familias, que muchas veces deben desplazarse grandes distancias para obtener respuestas.
El contexto en el que trabajan los pediatras tampoco resulta alentador. La precariedad laboral, los salarios insuficientes y la sobrecarga de tareas generan desgaste físico y emocional en los profesionales. La falta de insumos básicos, la escasez de medicamentos y de equipamiento adecuado impactan directamente en la calidad de la atención, pero también en la motivación de quienes ejercen la especialidad. La SAP advierte que esta situación erosiona la relación médico-paciente y compromete la calidez del vínculo humano, un aspecto clave en la atención pediátrica.
Más allá de las dificultades estructurales, los pediatras enfrentan nuevos desafíos derivados de cambios sociales y culturales. Entre ellos, el aumento de la participación de adolescentes en apuestas online y juegos de azar, actividades que pueden derivar en ludopatía y otras conductas de riesgo. También preocupa la exposición en redes sociales y el uso de plataformas de intercambio que alientan la venta de contenido íntimo a cambio de dinero, con repercusiones serias en la salud mental de los jóvenes, como ansiedad, depresión y baja autoestima.
La SAP advierte que la falta de regulación y la ausencia de herramientas de control parental suficientes exponen a los menores a situaciones de violencia, extorsión y delitos conexos. Estos fenómenos se suman a problemáticas ya instaladas, como el aumento de síntomas de ansiedad, depresión e ideación suicida en adolescentes, muchas veces sin acceso a la atención adecuada por falta de recursos especializados y por la estigmatización de los trastornos de salud mental.
El panorama también incluye cuestiones que siguen sin resolverse. Las coberturas de vacunación permanecen rezagadas en relación con los niveles deseables, lo que aumenta la vulnerabilidad frente a enfermedades prevenibles. Al mismo tiempo, persisten dificultades para reforzar hábitos de alimentación saludable en las familias, un factor clave para prevenir la obesidad y enfermedades crónicas desde edades tempranas.
La pediatría argentina enfrenta una encrucijada que combina problemas estructurales, carencias laborales y la irrupción de nuevas amenazas para la niñez y la adolescencia. En su mensaje en el Congreso, Indart de Arza instó a los profesionales a seguir defendiendo los derechos de niños y adolescentes, promoviendo políticas públicas que prioricen la salud infantil.









