Estados Unidos enfrenta su mayor brote de sarampión en más de tres décadas y registra dos muertes

Estados Unidos atraviesa un fuerte resurgimiento del sarampión, una enfermedad que había logrado eliminar como problema de transmisión sostenida hace más de dos décadas. En lo que va de 2026 se confirmaron 2.777 casos, en un escenario marcado por la disminución de las coberturas de vacunación y la aparición de brotes en diferentes estados.

Por Dr. Daniel Cassola

La situación sumó esta semana un nuevo motivo de preocupación. Las autoridades sanitarias de Pensilvania informaron la muerte de dos personas que habían contraído sarampión y no estaban vacunadas. Ambas residían en el condado de Lancaster, donde se contabilizaron 185 casos, mientras que el total del estado ascendió a 393.

Se trata de las primeras muertes por esta enfermedad registradas en Pensilvania en 35 años. El gobernador Josh Shapiro calificó el escenario como un problema «grave y creciente» y recordó que las consecuencias más severas del sarampión pueden prevenirse mediante la vacunación.

El aumento de casos adquiere especial relevancia porque Estados Unidos había declarado eliminado el sarampión en 2000. Esto no significa que desde entonces no se hayan producido infecciones, sino que se había interrumpido la transmisión endémica gracias, principalmente, a niveles elevados de inmunización.

La caída de la vacunación abre espacio para nuevos brotes

El sarampión es una de las enfermedades virales más contagiosas y puede transmitirse rápidamente cuando encuentra grupos de población sin suficiente inmunidad. Aunque en muchos pacientes evoluciona favorablemente, también puede provocar complicaciones como neumonía y encefalitis y, en determinadas circunstancias, causar la muerte. Los niños pequeños y las personas vulnerables presentan un riesgo especialmente elevado.

El escenario epidemiológico estadounidense coincide con una reducción de las coberturas. Para impedir la aparición de brotes se considera necesario mantener aproximadamente un 95% de cobertura con la vacunación correspondiente. Sin embargo, las tasas entre los niños que concurren al jardín de infantes descendieron nuevamente durante el último año y las exenciones alcanzaron un máximo histórico.

Las diferencias locales pueden dejar comunidades particularmente expuestas. En Lancaster, por ejemplo, cerca del 88% de los niños de jardín de infantes se encontraba al día con la vacunación contra el sarampión durante el último ciclo escolar, una proporción considerablemente inferior al umbral asociado con la protección comunitaria.

Los antecedentes recientes muestran las consecuencias de estas brechas. Durante 2025, un brote iniciado en el oeste de Texas y extendido posteriormente hacia Nuevo México dejó tres fallecidos. También se registraron brotes en Carolina del Sur y Utah.

La dimensión alcanzada por la circulación viral llevó además a que autoridades internacionales tengan previsto evaluar en noviembre si Estados Unidos y México conservan su condición de países libres de sarampión.

La política de vacunación queda en el centro del debate

La emergencia sanitaria coincide con una discusión política sobre las recomendaciones de inmunización infantil. Este mes, el presidente Donald Trump firmó un decreto que pidió reducir y espaciar las vacunas recomendadas para niños, en un contexto en el que la confianza de parte de la población en la inmunización ya se encontraba deteriorada.

El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., también ha mantenido durante años posiciones críticas sobre las vacunas. Tanto Kennedy como Trump han promovido una supuesta asociación entre vacunación y autismo que ha sido refutada por la evidencia científica disponible.

Tras conocerse las muertes de Pensilvania, Shapiro aseguró que habló con Kennedy y cuestionó la información difundida desde la administración federal. El gobernador sostuvo que los mensajes que generan temor o desconfianza hacia las vacunas pueden tener consecuencias concretas sobre las comunidades.

La preocupación también fue expresada por especialistas en enfermedades infecciosas. Angela Dunn, exdirectora de una división de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), advirtió que las decisiones que debiliten la confianza en las vacunas dificultan la recuperación de las coberturas necesarias para detener la transmisión.

Frente al avance de la enfermedad, la vacunación continúa siendo la principal herramienta preventiva. Los CDC recomiendan dos dosis de la vacuna triple viral MMR, que protege contra sarampión, paperas y rubéola: la primera entre los 12 y 15 meses y la segunda entre los cuatro y seis años.

El récord de casos de 2026 muestra así cómo una enfermedad que había dejado de circular de manera sostenida puede recuperar terreno cuando disminuye la inmunización. Las dos muertes registradas en Pensilvania refuerzan, además, que el sarampión no constituye únicamente una infección altamente transmisible: también conserva la capacidad de producir cuadros graves y consecuencias fatales.

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