Suecia redujo el tabaquismo a mínimos históricos: qué debería hacer Argentina para conseguir resultados similares

Suecia se convirtió en una referencia internacional en la lucha contra el tabaquismo después de reducir el consumo diario de cigarrillos a poco más del 5% de su población. El resultado responde a una transformación sostenida durante décadas, en la que combinaron políticas de prevención, restricciones al consumo y una creciente utilización de productos de nicotina sin combustión.

Por Dr. Daniel Cassola

La experiencia despertó interés en otros países, incluida Argentina, donde se estima que alrededor de siete millones de personas todavía fuman. La posibilidad de reproducir parte de la estrategia sueca plantea un debate sobre cómo acelerar la reducción del consumo de cigarrillos y disminuir las enfermedades asociadas.

El caso también pone de manifiesto una diferencia importante: reducir el tabaquismo no significa necesariamente eliminar el consumo de nicotina. En Suecia, numerosos adultos abandonaron los cigarrillos tradicionales, pero continuaron utilizando productos alternativos que mantienen la dependencia de esta sustancia.

Cómo consiguió Suecia reducir el consumo de cigarrillos

Según las estadísticas oficiales, en 2024 apenas el 5,4% de los suecos de entre 16 y 84 años fumaba diariamente. Se trata de uno de los porcentajes más bajos de Europa y representa el resultado de una evolución que comenzó varias décadas atrás.

Una característica particular del país es la utilización histórica del snus, un producto de tabaco oral que se coloca entre la encía y el labio y permite consumir nicotina sin quemar tabaco. Con el tiempo, mientras disminuía la cantidad de fumadores, aumentaba la utilización de estos productos. Posteriormente aparecieron otras alternativas, como las bolsas de nicotina sin hoja de tabaco.

La diferencia sanitaria fundamental está relacionada con la combustión. Cuando se enciende un cigarrillo se generan numerosas sustancias tóxicas y cancerígenas que ingresan al organismo mediante el humo. Evitar ese proceso puede reducir la exposición a determinados compuestos perjudiciales.

Sin embargo, los productos sin combustión no son inocuos. La nicotina genera dependencia y existen diferencias importantes entre los riesgos de cada alternativa. Además, no todos cuentan con evidencia suficiente sobre sus consecuencias a largo plazo.

La reducción del tabaquismo sueco tampoco puede atribuirse exclusivamente a la sustitución de productos. Las restricciones para fumar, las políticas fiscales, las campañas preventivas y los cambios culturales también contribuyeron a modificar los hábitos.

Los indicadores sanitarios muestran una evolución favorable en determinadas enfermedades asociadas al cigarrillo, aunque establecer cuánto corresponde a cada medida requiere considerar múltiples factores.

Qué medidas necesitaría Argentina para alcanzar resultados similares

En Argentina, el consumo de tabaco disminuyó durante las últimas décadas, pero continúa representando un problema importante de salud pública. Según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, la proporción de adultos consumidores pasó del 29,7% en 2005 al 22,2% en 2018.

Para acercarse a los resultados suecos sería necesario desarrollar una estrategia sostenida que combine prevención, asistencia para dejar de fumar, regulación y seguimiento epidemiológico. Una prioridad consiste en ampliar el acceso a tratamientos de cesación tabáquica, incluyendo acompañamiento profesional, intervenciones conductuales y medicamentos de eficacia comprobada. También resulta fundamental reforzar los ambientes libres de humo, las advertencias sanitarias y las medidas destinadas a impedir que niños y adolescentes comiencen a consumir nicotina.

Respecto de los productos sin combustión, Argentina avanzó en 2026 hacia un nuevo marco regulatorio para su comercialización y fiscalización. Su eventual incorporación a estrategias de reducción de daños exige evaluaciones independientes, controles de calidad, restricciones publicitarias y medidas que eviten su utilización entre personas que nunca fumaron.

La sustitución completa del cigarrillo podría disminuir la exposición a sustancias generadas por la combustión, pero el consumo simultáneo de ambos productos puede limitar ese beneficio. Por eso, las alternativas no deberían presentarse como equivalentes a abandonar completamente el tabaco y la nicotina.

La principal enseñanza de Suecia es que una reducción sostenida del consumo de cigarrillos resulta posible.

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