¿Cómo se alimentaba la gente en 1810?
Por Dr. Daniel Cassola
Mañana se celebra un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo. Es probable que muchos locales y muchas familias en sus casas preparen locro, empanadas u otra comida que intuimos como tradicional de la cultura argentina.
Pasó mucho tiempo desde 1810, y la cultura argentina se forjó (y lo sigue haciendo) con el transcurrir de la historia. Justamente la cultura es la que determina la alimentación. Después de todo alimentarse no es otra cosa que una conducta, una más de las tantas que se pueden observar en el ser humano.
Para poder pensar en cómo se alimentaba la gente hace más de dos siglos es necesario evaluar cómo eran las condiciones de vida.
“La mayoría de las personas en 1810 caminaban y lo hacían transportando un peso importante debido a las ventas ambulantes, las ropas que debían lavar en el río o los recipientes con agua extraídas de los aljibes. Ello implicaba un gasto calórico que hoy el hombre no hace”, explicó Silvia Juárez, coordinadora de la Unidad de Soporte Nutricional del Hospital Austral.
En las comidas era muy común el guiso de carne vacuna y verduras cocidas. Si bien no se consumían demasiadas verduras de hoja verde, contenía gran variedad de ingredientes. Según Juárez, “este alimento permitía incorporar a la alimentación cebolla, zanahoria, tomate y choclo, rico en vitamina c”. De todas maneras, la especialista afirmó que “es importante incluir verduras crudas y verdes en la dieta diaria por el aporte de ácido fólico y, a su vez, porque de esa forma se conservan mejor las vitaminas que poseen”.
En cuanto a la alimentación a base de carne, la especialista explicó que “de acuerdo a las recomendaciones nutricionales, hoy en día seguimos comiendo una cantidad excesiva de carne, es un hábito del hombre argentino”. Y agregó: “No obstante, con una porción de carne diaria estamos cubriendo las necesidades proteicas de nuestro organismo”.
Juárez detalló que el consumo de carne “bueno o malo” depende de cada individuo y por ello las dietas deben ser personalizadas. Además, diferenció los tipos de carnes y sus beneficios. “Las carnes rojas, como el pollo y el cerdo, aportan gran cantidad de colesterol y hierro. La carne blanca del pescado, en cambio, es beneficiosa por el aporte de grasas omega 3, saludables para el corazón”, aseguró la especialista.
En 1810, el método de conservación de algunos alimentos era con sal. Si bien hoy en día se sigue utilizando en algunos casos, no es tan común. La licenciada Juárez explicó que “en la actualidad, el inconveniente del exceso de sal en las comidas diarias es que la gente ha dejado de cocinar y consume comidas delivery, snacks o panificación con grasas y sal. Además, han reemplazado el guiso por preparaciones culinarias industriales con alta cantidad de sodio.” Y agregó: «Poblacionalmente, disminuir un gramo de sal en los alimentos procesados, genera un descenso en la presión arterial media”.
Además de lo mencionado, los chicharrones eran comunes en aquella época, un alimento frito hecho con grasa. Al respecto, Juárez aseguró que “una buena fritura en cantidades moderadas, una vez al mes, junto a un plato de vegetales verdes crudos y unos 15 minutos de bicicleta o caminata, no es tan malo”.
Según los alimentos detallados y la dieta en aquellos tiempos, la especialista aseguró que “un almuerzo de nuestros antepasados podría estar cerca de las 3500 o 4000 calorías”. De todas maneras, Juárez explicó que “la ingesta diaria recomendada debe ser calculada para cada individuo, de acuerdo a la edad, la talla, el estado fisiológico y la actividad física de cada persona. Lo importante es no saltear el desayuno”.
