Dengue: especialistas advierten que la prevención debe anticiparse a una nueva temporada de riesgo
La experiencia del mayor brote registrado en Argentina y las condiciones particulares del norte del país refuerzan la necesidad de combinar vigilancia, control del mosquito y vacunación.
Por Dr. Daniel Cassola
El dengue se consolidó como un desafío sanitario que excede los meses de altas temperaturas. Mientras Argentina continúa incorporando las enseñanzas de la epidemia de 2023-2024, especialistas advierten que la combinación de factores ambientales, movilidad poblacional y cambios productivos obliga a reforzar la prevención antes de que aumente nuevamente la circulación del mosquito.
La dimensión del problema también se observa a escala mundial. Los casos reportados pasaron de alrededor de 500.000 en 2000 a 14,6 millones en 2024. El cambio climático, la urbanización, los desplazamientos de población y la expansión del Aedes aegypti contribuyen a explicar este crecimiento. Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en áreas con riesgo de transmisión.
En Argentina, la temporada 2023-2024 dejó más de 580.000 casos confirmados y 419 fallecimientos, convirtiéndose en la epidemia de dengue de mayor magnitud desde que existen registros epidemiológicos modernos. Además de su impacto, aquel brote evidenció que las condiciones favorables para la transmisión pueden mantenerse durante períodos cada vez más prolongados.
El norte argentino concentra factores que aumentan el riesgo
El escenario adquiere características particulares en el Noreste (NEA) y el Noroeste (NOA). Allí confluyen un clima favorable para el vector, fronteras con países donde existe circulación persistente, movimientos poblacionales intensos y transformaciones económicas vinculadas, entre otras actividades, con la minería y el desarrollo energético.
A estos factores se agrega la posibilidad de fenómenos meteorológicos extremos. Las precipitaciones intensas y las inundaciones pueden incrementar los sitios con agua acumulada donde se reproduce el mosquito. Al mismo tiempo, pueden afectar caminos y dificultar el acceso de algunas comunidades a los servicios sanitarios, haciendo que una eventual demora en el diagnóstico o tratamiento se convierta en otro elemento de riesgo.
“Cuando analizamos el riesgo en regiones como el NEA y el NOA no debemos pensar únicamente en la presencia del mosquito”, explicó el infectólogo tropicalista Tomás Orduna, quien destacó la combinación entre circulación de personas, actividades productivas, eventos climáticos y dificultades de acceso al sistema sanitario.
La prevención anticipada cobra particular relevancia porque históricamente en Argentina se describieron grandes brotes aproximadamente cada tres o cuatro años, aunque esa periodicidad no constituye una regla fija. Tras la epidemia de 2023-2024, los especialistas consideran fundamental aprovechar los meses previos al período de mayor actividad del Aedes aegypti para reducir las condiciones que facilitan su proliferación.
Una estrategia que combine distintas herramientas de prevención
Eliminar recipientes que acumulen agua, mantener correctamente tanques y reservorios, utilizar repelentes y mosquiteros y consultar tempranamente ante síntomas continúan siendo medidas centrales. Sin embargo, la experiencia acumulada muestra que el control vectorial tiene limitaciones cuando el dengue adquiere una presencia persistente. Por eso, las estrategias actuales apuntan a combinar estas acciones con vigilancia epidemiológica, diagnóstico oportuno, educación sanitaria y vacunación cuando corresponda.
En Argentina está disponible una vacuna tetravalente aprobada por la ANMAT desde los cuatro años, administrada mediante dos dosis separadas por 90 días. Los estudios citados muestran una eficacia del 61,2% frente al dengue confirmado después de 4,5 años y una reducción del 84,1% de las hospitalizaciones asociadas a la enfermedad.
Para los especialistas, la vacunación debe evaluarse según las características individuales y el contexto epidemiológico. A nivel poblacional, las regiones con circulación persistente, mayor carga de enfermedad y dificultades de acceso sanitario pueden requerir estrategias específicas. El desafío, en definitiva, pasa por no esperar al próximo aumento de casos: frente a un dengue condicionado por múltiples factores, la prevención necesita comenzar mucho antes de que vuelva la temporada de mayor transmisión.
