Malestar psicológico récord en Argentina: casi 3 de cada 10 adultos tienen síntomas y dormir mal puede agravar el problema
El malestar psicológico alcanzó en Argentina su nivel más alto desde que comenzó a medirse en 2010. Durante 2024, el 28,1% de los adultos de áreas urbanas presentó síntomas vinculados con ansiedad y depresión, según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Por Dr. Daniel Cassola
La cifra representa un fuerte crecimiento frente al 18,4% registrado al comienzo de la serie. En términos simples, casi tres de cada diez adultos atravesaron algún grado de malestar psicológico.
El indicador, sin embargo, no significa que todas esas personas tengan un trastorno mental diagnosticado. La medición se realiza mediante la Escala de Malestar Psicológico K-10 y busca detectar sintomatología ansiosa y depresiva.
Los datos también muestran importantes diferencias sociales. Entre las personas en situación de pobreza, el malestar psicológico alcanzó al 39,5%, mientras que entre quienes no eran pobres se ubicó en el 21,8%. También fue más frecuente entre mujeres y personas que atravesaban desempleo, precariedad laboral o tenían una percepción negativa de su propia salud.
Un seguimiento realizado entre 2022 y 2024 permitió observar, además, que el 18% de las personas analizadas empeoró su situación de salud mental durante el último año del estudio. Otro 5% mantuvo síntomas durante los tres años.
Por qué dormir mal puede agravar el malestar
Aunque los factores económicos, laborales y sociales tienen un peso importante, la calidad del descanso también puede influir sobre la capacidad de afrontar las dificultades cotidianas.
La relación entre sueño y salud mental funciona en ambas direcciones. El estrés, la ansiedad y los pensamientos recurrentes pueden impedir conciliar el sueño o generar despertares durante la noche. Al mismo tiempo, dormir de manera insuficiente puede perjudicar el estado de ánimo y dificultar la regulación de las emociones.
Esto puede generar un círculo difícil de interrumpir: una persona preocupada duerme peor y, después de una noche de descanso insuficiente, enfrenta el día siguiente con menos recursos para manejar el estrés y las emociones negativas. Si la situación se mantiene en el tiempo, ambos problemas pueden retroalimentarse.
La evidencia científica identifica al sueño insuficiente como un factor de riesgo independiente para distintos problemas de salud mental. Esto no significa que dormir pocas horas provoque por sí mismo ansiedad o depresión, sino que puede contribuir a aumentar la vulnerabilidad.
Durante situaciones de estrés, además, el organismo puede permanecer en un estado de alerta que dificulta la relajación. Al llegar la noche desaparecen muchas de las distracciones habituales del día y las preocupaciones pueden ocupar un lugar todavía mayor, dificultando el inicio del sueño.
Por ese motivo, mejorar el descanso puede formar parte de una estrategia de cuidado, pero no debe considerarse un tratamiento aislado frente a síntomas persistentes de ansiedad, depresión o insomnio.
Hábitos que pueden favorecer un mejor descanso
Una de las principales recomendaciones consiste en mantener horarios relativamente estables para acostarse y levantarse. Esta regularidad ayuda a sincronizar el ritmo circadiano, el mecanismo biológico encargado de organizar los períodos de sueño y vigilia.
También puede ser útil reducir progresivamente la actividad antes de acostarse. Limitar las pantallas y evitar contenidos que provoquen preocupación o una estimulación excesiva favorece la transición hacia el descanso.
Otra alternativa es realizar un “vaciado mental”: anotar antes de dormir las tareas pendientes, preocupaciones o cuestiones que deberán resolverse al día siguiente. El objetivo es evitar que esos pensamientos se repitan constantemente al intentar conciliar el sueño.
El ambiente también importa. Una habitación silenciosa, oscura, confortable y con una temperatura adecuada puede mejorar las condiciones para descansar. Asimismo, una superficie incómoda o deteriorada puede interferir con la calidad del sueño, aunque cambiar un colchón no constituye un tratamiento para problemas de salud mental.
