El cambio climático, intensificado por actividades humanas, se ha consolidado como una amenaza de proporciones históricas para la salud humana. América Latina, una región vulnerable a las alteraciones climáticas, sufre hoy impactos graves como el aumento en la incidencia de enfermedades infecciosas y sequías prolongadas que afectan a Brasil, Argentina y Uruguay.
Por Dr. Daniel Cassola
Un reciente informe del “Lancet Countdown”, realizado por 122 expertos de 57 instituciones académicas y de la ONU, destaca que limitar el calentamiento global es esencial para prevenir consecuencias climáticas y de salud más severas. La región ha experimentado un preocupante aumento de enfermedades transmitidas por vectores, especialmente el dengue, y sequías en el Amazonas que han causado graves problemas de suministro de agua.
Durante el último año, la incidencia de dengue en América Latina ha aumentado dramáticamente. En 2023, más de 5 millones de casos de dengue se reportaron en el mundo, con un incremento del 215% en casos en la región respecto al año anterior, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Los mosquitos portadores del virus han encontrado condiciones cada vez más favorables debido al clima cálido y húmedo que prevalece en la región. Las actividades humanas, junto con el cambio climático, facilitan la expansión de estos vectores, mientras que la urbanización y la movilidad humana agravan su dispersión.
Además del dengue, la región enfrenta sequías sin precedentes. En Uruguay, estas sequías han llevado a una grave escasez de agua potable, y en Argentina, la pérdida en la producción de cereales alcanza un 15%. El reporte de “Lancet Countdown” subraya que estas sequías resultan de una combinación de factores como el cambio climático, el mal uso de los recursos hídricos y variaciones naturales en las precipitaciones.
Las sequías y las olas de calor prolongadas no solo representan un desafío ambiental, sino también de salud pública. La falta de agua potable expone a las personas a enfermedades por consumo de agua contaminada, como diarreas, infecciones intestinales, enfermedades parasitarias y envenenamientos por metales. La escasez de agua, además, puede afectar la salud mental, generando altos niveles de estrés y ansiedad, especialmente en comunidades rurales y agrícolas que dependen del agua para sus cultivos y sustento.
Yasna Palmeiro Silva, coautora del reporte y experta en salud pública, señala que la sequía tiene causas multifactoriales, entre ellas, la reducción de lluvias debido a la variabilidad climática y el cambio climático inducido por el hombre. La falta de acceso a agua segura, apunta, puede incrementar las enfermedades y afectar la calidad de vida.
El reporte del “Lancet Countdown” subraya la necesidad de redirigir los recursos económicos que actualmente se destinan a combustibles fósiles hacia energías limpias. Este cambio es vital para no solo proteger la salud global, sino también fortalecer la economía. En 2023, la temperatura global llegó a un máximo de 1,45°C sobre niveles preindustriales, y el mundo se encuentra en la peligrosa trayectoria de superar el límite de 1,5°C establecido en el Acuerdo de París de 2015.
La doctora Marina Romanello, directora ejecutiva de The Lancet Countdown, advierte sobre las repercusiones de la inacción climática, que representa una amenaza inminente para la salud y el bienestar de las personas. La financiación de energías limpias permitiría una transición hacia un futuro más saludable y equitativo, además de una reducción en la incidencia de enfermedades y el fortalecimiento de la economía.









