Detección de Trastornos de Aprendizaje en Pediatría

Fuente: DiarioNecochea.com

No siempre los padres consultan con el pediatra de los problemas que tienen sus hijos para aprender a sumar, a leer o escribir. No les parece importante comentarles del gran esfuerzo que hace su hijo para aprender, y que no siempre lo logra.

Generalmente consultan cuando empiezan a oír frases como “es un poco lento”, “se distrae mucho”, no logra concentrarse”,” tiene problemas de memoria” o cuando aparece el fantasma “puede repetir el año”.
Hoy en día se conoce la existencia de un déficit específico de los aprendizajes escolares o “Trastorno específico de Aprendizaje” (T.A.) y se considera como la causa principal de fracaso escolar.
El fracaso escolar repercute en su autoestima y en las relaciones con sus compañeros y puede afectar notablemente la dinámica familiar.

El papel del pediatra en el control del aprendizaje es fundamental, porque es un profesional que conoce y sigue al niño y a su familia desde el nacimiento hasta la adolescencia.
La Academia Americana de Pediatría considera que el pediatra es el profesional más idóneo para hacer el seguimiento del desarrollo infantil, no sólo durante los primeros años del niño sino también a lo largo de los años escolares.
El “pediatra” es el primer referente para el niño y su familia y puede hacer el seguimiento de cada caso hasta la adolescencia.
El pediatra es quien más conoce la historia del niño, los antecedentes previos como trastornos de lenguaje, problemas de atención y trastornos de la coordinación motora, y otros; que pueden ser señales de alerta para valorar evolutivamente en esos niños el rendimiento escolar y poder detectar así un trastorno de aprendizaje.

Un niño que se queja de “doler de panza” de cefaleas, cuando está en la escuela, puede estar diciendo que no está pasándola bien y muchas veces es la manera de decir “me cuesta aprender”.

El diagnóstico psicopedagógico o neuropsicológico de las dificultades de aprendizaje ha de hacerse siempre en el contexto clínico, sin limitarlo a la aplicación de una batería de tests.
Se trata de realizar una valoración tanto cuantitativa, al comparar el rendimiento obtenido por el niño con el grupo normativo de su edad, como cualitativa, al analizar el modo de enfrentarse a la tarea, estrategias cognitivas que utiliza, etc.
Se trata de detectar sus puntos débiles y fuertes. De esta forma, nos aproximamos a la
realidad funcional del niño, a sus formas de procesamiento, más que evaluar el producto final.

La evaluación psicopedagógica nos permite emitir hipótesis realistas acerca de su «zona de desarrollo potencial» y así plantear los objetivos y las estrategias de reeducación más adecuados.
De acuerdo con la patología sospechada en la primera entrevista, en función de los
Datos anamnésicos del desarrollo del niño y de la conducta cotidiana en el medio familiar y escolar, se seleccionan las pruebas estructuradas según la edad del niño y las funciones cognitivas que se quieren evaluar:

Inteligencia.
Atención.
Memoria.
Lenguaje, gnosias y praxias
lecto-escritura.
Desarrollo psicomotor.
Nivel de pensamiento.
Área Emocional.

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