El ahogamiento: una crisis de salud pública que exige atención y prevención inmediata

Por Redacción Curar con Opinión

Las muertes por ahogamiento representan una crisis de salud pública mundial, ampliamente prevenible, pero aún lejos de ser resuelta. A pesar de los descensos en las cifras observados en los últimos años, los avances no son suficientes para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible vinculados a la seguridad acuática y la reducción de la mortalidad evitable.

El ahogamiento ocurre cuando la respiración se ve comprometida por la inmersión o sumersión en un líquido, lo que puede generar desenlaces que van desde una recuperación sin secuelas hasta complicaciones graves o la muerte. Según la Dra. Valeria El Haj, Directora Médica Nacional de OSPEDYC, los niños pequeños son especialmente vulnerables, ya que carecen de habilidades de natación y de la capacidad para evaluar los riesgos en el agua. Este peligro aumenta exponencialmente cuando no están bajo la supervisión de un adulto.

En Argentina, el ahogamiento es una de las principales causas de muerte en niños de entre 1 y 3 años. Este grupo, que comienza a caminar y explorar el entorno desde los 12 meses, enfrenta un riesgo elevado. Sin embargo, los especialistas coinciden en que las estadísticas oficiales podrían subestimar el problema debido a un subregistro de casos.

La Dra. El Haj subraya que la supervisión cercana y constante de los niños es una estrategia preventiva esencial. Para los adolescentes, los riesgos se asocian con un exceso de confianza en sus habilidades acuáticas, la subestimación de los peligros y el consumo de alcohol o drogas. En todos los casos, priorizar el aprendizaje de la natación en un ambiente controlado es una medida clave para reducir el riesgo.

En aguas claras y tranquilas, como piletas o bañeras, las medidas de seguridad incluyen la instalación de cercos perimetrales de al menos 1,30 metros de altura, escaleras con escalones antideslizantes y el uso de chalecos salvavidas con estándares de seguridad adecuados. Además, las piletas inflables deben vaciarse completamente después de cada uso.

Por otro lado, en aguas oscuras y con movimiento, como ríos, lagos o el mar, los riesgos aumentan debido a la limitada visibilidad y las condiciones variables del entorno. En estos casos, es fundamental usar ropa de baño de colores vivos o fluorescentes y mantener la calma en situaciones de emergencia, limitándose a flotar mientras se busca una forma de pedir auxilio.

La proporción entre cuidadores y niños varía según la edad y las habilidades acuáticas. Para lactantes, se requiere supervisión individual, mientras que para niños mayores con habilidades de natación avanzadas, la supervisión puede ser más relajada pero siempre presente.

El ahogamiento no solo afecta a las familias directamente impactadas, sino que también constituye un desafío para las comunidades y los sistemas de salud. La prevención debe abordarse desde múltiples frentes, incluyendo la educación, la regulación de espacios acuáticos y el diseño de políticas públicas que prioricen la seguridad.

La reducción de muertes por ahogamiento es un objetivo alcanzable, pero requiere un compromiso colectivo para implementar prácticas preventivas y garantizar entornos acuáticos más seguros para todos.

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