El coronavirus no entiende de política ni de recursos judiciales


Luego del cierre parcial por dos semanas dispuesto por el presidente Alberto Fernández en el AMBA, epicentro de la pandemia dentro del país, escaló la tensión política con el gobierno porteño de Horacio Rodríguez Larreta. El acuerdo sobre cómo enfrentar la segunda ola parece más lejano que nunca. Los casos siguen al alza.

Por Dr. Daniel Cassola

Desde la primera semana de marzo a hoy los casos positivos de coronavirus van en una sola dirección: hacia arriba. El 4 de marzo el promedio de casos de los últimos siete días estaba en poco más de 5700 positivos diarios.  Hoy ese índice marca que son más de 23 mil. La positividad, o sea la cantidad de positivos sobre los tests hechos, está en aumento. El pico de esta segunda ola todavía no ha llegado y ya distintos actores del sistema de salud alertaron sobre la saturación.

El porcentaje de camas ocupadas en servicios de terapia intensiva crece. Todavía hay capacidad en el sistema pero ya hay instituciones al borde del colapso. Es probable que se necesiten todos los recursos disponibles, y algunos más también, hasta que la segunda ola ceda. Ahora se agrega una dificultad extra. Las ya débiles relaciones entre el gobierno nacional y el porteño terminaron de explotar a partir de la controversia desatada a partir de la suspensión de las clases presenciales por dos semanas.

Más allá del conflicto puntual, que ahora recae en manos de la Corte Suprema de Justicia, el desacuerdo recae por la naturaleza de las medidas, parciales y selectivas. Hay cierto consenso sobre que dentro de las escuelas, donde se vienen cumpliendo en una medida aceptable, no hay grandes episodios de contagio. Por otro lado el sector de la población que más creció dentro de los infectados es el que va entre los 9 y los 19 años, o sea los que van a la escuela.

Pasando en limpio, los chicos se contagian más que antes pero no necesariamente en la escuela. Lo que sostiene el gobierno nacional es que las clases presenciales suponen un movimiento tal que representa un porcentaje muy alto de la circulación colectiva. Entonces lo que se apunta a cerrar es ese movimiento. El gobierno porteño, a su vez, insiste en que la educación presencial no significa un gran número de contagios porque se cumplen los protocolos. No están discutiendo sobre lo mismo y cada uno sostiene su postura.

Puede haber argumentos de los dos lados que sean atendibles. El de la circulación y el crecimiento desenfrenado de los casos es cierto. Que en las escuelas no hubo grandes episodios de contagios también. El gobierno decidió mantener todo abierto de día. Los cierres más duros se dan en la educación y en la gastronomía. Con un cierre total la discusión sería otra. O, al revés, si se hubiera cerrado todo menos las escuelas la discusión también sería otra.

Lo que es seguro es que el desacuerdo, más allá de lo que vaya a suceder en las elecciones de este año y en el futuro político del país, por ahora solo favorece al coronavirus. Si hay descuidos, manifestaciones, concentraciones el virus va a contagiar ya que no entiende de causas justas o injustas. Estamos en tiempos de infección récord. Nunca había habido 29 mil casos en un día como el viernes pasado. Nunca el promedio en los últimos siete días había sido tan alto como ahora. Ningún domingo había dado el resultado de más de 16 mil casos como ayer. Por una vez habría que dejar las diferencias y los intereses particulares de lado y acordar una estrategia que todos cumplan para enfrentar al principal enemigo que la Argentina tiene ahora, el coronavirus.

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