El humor frente al dolor

Fuente: El Ciudadano & La Región (Rosario)

El pediatra Gustavo Rivara llega desde Perú con estudios que demuestran cómo la risa tiene efectos analgésicos en tratamientos dolorosos y cómo se puede “humanizar el cuidado de la salud”.

Se sabe que la alegría es una buena medicina y desde hace décadas se conoce la labor de los payamédicos (médicos vestidos de payasos) que, a través de la risa, tienen como objetivo elevar las defensas de los enfermos y generar endorfinas, las cuales repercuten favorablemente en la salud del paciente.

Esta tarde, el clown hospitalario y pediatra neonatólogo peruano Gustavo Rivara ofrecerá una charla abierta al público y a los trabajadores de la salud para exponer demostraciones científicas sobre el impacto analgésico no farmacológico que tiene el humor en procedimientos dolorosos con pacientes pediátricos. La cita es a las 19 en la Isla de los Inventos (Corrientes y Wheelwright). El encuentro es organizado por Locura de Clown, un grupo de artistas profesionales que realizan espectáculos en hospitales pediátricos, con el objetivo de acercar a los niños, sus familias y el personal del área de la salud.

Curiosidad, dedicación y el amor por los niños fueron los motivos que impulsaron al doctor Gustavo Rivara a investigar sobre la humanización del cuidado de la salud. Es por eso que los estudios clínicos en recién nacidos que desarrolló hace más de una década le permitieron conocer métodos no farmacológicos para mitigar el dolor. De esta manera, estimulando los sentidos de los pequeños “se alcanzaban buenos niveles de analgesia”.

Rivara siempre remarca que en todo tratamiento médico debe primar el amor y la comprensión, “porque hasta un abrazo o una sonrisa pueden curar a alguien” o por lo menos mejorar su día.

Con el paso del tiempo y los resultados exitosos, se implementó el sistema en niños mayores, de 2 a 16 años, donde también “hubo resultados maravillosos”. Según explicó Rivara, el proceso consiste en la “saturación sensorial, por medio de la cual se estimulan los cinco sentidos a la vez, capturando el estímulo doloroso, y disminuyéndolo”.

“Hace unos siete años llegué a la conclusión de que la intervención de los payasos hospitalarios logra justamente eso: estimular los cinco sentidos, y aún más, ya que llega a la parte emocional. Fue así que empecé a buscar a los payasos de Bolaroja (ver aparte) y llegué a Wendy Ramos, la directora y fundadora. Le propuse conducir un estudio clínico, aceptó, y comenzamos a demostrar que la intervención de un grupo de clowns hospitalarios, durante los procedimientos dolorosos en niños hospitalizados podía lograr disminuir el dolor”.

Ese trabajo le dio a Rivara y todo el equipo de Bolaroja el premio Nacional de Pediatría 2010.
En la misma sintonía, el pediatra, Magister en Investigación y Docencia, diplomado en Investigación Clínica por la Universidad de Harvard, Coordinador General de Neonatología en la Facultad de Medicina Humana, Universidad San Martín de Porres, profesor en la Maestría de Investigación Clínica, ganó también el primer Premio Iberoamericano de Neonatología, en Colombia, compitiendo con más de 300 estudios presentados.

La charla de hoy
Rivara adelantó que la presentación de esta tarde “estará dirigida a todos aquellos que de alguna manera trabajan en contacto con la salud y el arte (payasos, médicos, estudiantes de alguna disciplina médica, psicólogos, actores) y cualquiera que quiera ir. No se preocupen los no entendidos en la medicina porque el lenguaje será simple, para poder llegar a todos. La idea es lograr, luego de la presentación, un ambiente de conversación, donde todos podamos compartir nuestras experiencias e integrarnos, ya que todos tenemos el mismo objetivo: humanizar el cuidado de la salud a través del amor y la compasión y entendiendo que más allá de las terapias farmacológicas, existen maneras de curar a un ser humano tan simples como con un abrazo o una sonrisa”, concluyó.

Bolaroja, y esa nariz que cura
Gustavo Rivara no se conformó con la especialidad médica adquirida con los años y las investigaciones, sino que fue por mucho más: poder desempeñarse en el grupo de voluntarios Bolaroja.

Es así como desde 2009 es clown hospitalario, rol que obtuvo tras exhaustivas pruebas que la entidad exige a cada potencial integrante.
La Asociación Bolaroja lleva 13 años trabajando en Perú, y es integrada por médicos, actores, productores, economistas, administradores, psicólogos y asistentes sociales. “En todos estos años –agregó Rivara– ha visitado hospitales, orfanatos, cárceles, áreas de emergencia, hogares de ancianos, calles y parques. En realidad, somos clowns todoterreno”.

Sobre la formación que cada aspirante debe afrontar, Rivara destacó que “un doctor Bolaroja debe tener al menos 18 meses de preparación y sólo logran graduarse el 40 por ciento de los postulantes. Incluso ya graduado, sigues siendo evaluado y puedes ser retirado del grupo si no eres constante o no cumples con las normas. Y está bien que así sea, porque ir a un hospital y visitar personas enfermas es algo extremadamente serio, y no debe ser tomado a la ligera”.

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