Alertan por la baja presencia de bacterias beneficiosas en la alimentación infantil en Argentina

La alimentación infantil en Argentina presenta déficits que van más allá de vitaminas y minerales. Especialistas advierten que la baja incorporación de alimentos fermentados y microorganismos vivos podría estar reduciendo la diversidad de la microbiota intestinal, un ecosistema que interviene en funciones inmunológicas, metabólicas y neurológicas.

Por Dr. Daniel Cassola

El panorama nutricional muestra importantes brechas: siete de cada diez niños no alcanzan la ingesta diaria recomendada de calcio y más del 90% presenta una ingesta insuficiente de vitamina D. A esto se suma que ocho de cada diez personas no consumen las tres porciones diarias recomendadas de lácteos, apenas el 6% cumple con las cinco porciones de frutas y verduras y más del 80% no alcanza las metas mínimas de fibra.

Según Profesionales Expertos en Nutrición Infantil (PROFENI), cerca del 90% de la población infantil tampoco cubriría la dosis diaria recomendada de microorganismos vivos. La situación cobra relevancia porque la infancia representa un período fundamental para el desarrollo de una microbiota diversa.

Factores asociados con los estilos de vida modernos, como la urbanización, el mayor uso de antibióticos, el incremento de los partos por cesárea y una alimentación de baja calidad nutricional, también pueden disminuir la exposición a microorganismos beneficiosos.

La microbiota intestinal y su importancia durante la infancia

La microbiota intestinal está formada por una extensa comunidad de microorganismos que habitan el aparato digestivo. La investigación de los últimos años permitió conocer con mayor profundidad su participación en diferentes procesos del organismo.

Entre sus funciones se encuentran la regulación del sistema inmunológico y la participación en el metabolismo. También se estudia su relación con la salud neurológica mediante el denominado eje intestino-cerebro.

La diversidad de esta comunidad microbiana adquiere especial importancia durante las primeras etapas de la vida. Por ese motivo, la alimentación aparece como uno de los principales factores capaces de contribuir a su conformación y modulación.

El déficit de microorganismos vivos se suma, en este sentido, a otros problemas nutricionales observados en la población infantil argentina. La insuficiencia de calcio, vitamina D y fibra puede tener consecuencias sobre diferentes dimensiones de la salud y representa un desafío adicional para conseguir una alimentación equilibrada desde edades tempranas.

La evidencia científica comenzó además a analizar la relación entre el consumo habitual de alimentos que contienen microorganismos vivos y distintos indicadores de salud. Un estudio realizado sobre más de 27.000 participantes encontró que una ingesta adicional de 100 gramos de alimentos con microbios se asoció con mejores indicadores de presión arterial, glucosa, insulina, triglicéridos, colesterol HDL, proteína C reactiva y perímetro de cintura.

El papel de los alimentos fermentados en la dieta

Entre las alternativas para aumentar la exposición alimentaria a microorganismos vivos aparecen los alimentos fermentados. Su consumo habitual ha sido estudiado por su posible asociación con una mayor diversidad microbiana y con diferentes beneficios para la salud.

Dentro de este grupo, el yogur constituye una de las opciones más habituales. Al obtenerse mediante la fermentación de la leche, permite incorporar microorganismos vivos y, al mismo tiempo, aporta nutrientes característicos de los productos lácteos. Su disponibilidad y aceptación también facilitan su inclusión en la alimentación cotidiana.

El interés científico llevó incluso a plantear el concepto de una “dosis diaria de microorganismos vivos”, mientras algunas recomendaciones alimentarias internacionales comenzaron a prestar mayor atención a los productos fermentados.

Las guías alimentarias de Argentina y de otros países ya contemplan al yogur dentro del grupo de los lácteos. En el país, la recomendación incluye el consumo diario de tres porciones de alimentos pertenecientes a este grupo.

Los especialistas consideran que aumentar la diversidad de la alimentación desde la infancia puede representar una oportunidad para mejorar simultáneamente diferentes aspectos nutricionales. En ese contexto, los alimentos fermentados aparecen como una herramienta para incrementar la exposición a microorganismos vivos, aunque forman parte de un abordaje más amplio que también debe garantizar una ingesta adecuada de frutas, verduras, fibra, vitaminas y minerales.

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