En el marco del Día Mundial de las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD), que se conmemora cada 30 de enero, especialistas en salud pública encendieron una señal de alerta por el avance de enfermedades prevenibles en la Argentina y reforzaron un mensaje clave: la vacunación sigue siendo una de las herramientas más eficaces para evitar cuadros graves, hospitalizaciones y muertes.
Por Dr. Daniel Cassola
El llamado cobra especial relevancia en un contexto atravesado por el cambio climático, que está modificando los patrones tradicionales de circulación de virus y bacterias. Enfermedades que antes tenían una estacionalidad bien definida hoy aparecen de forma imprevisible.
El dengue, históricamente asociado al verano, comenzó a registrarse durante los meses más fríos, mientras que la gripe y otros virus respiratorios, típicos del invierno, ya se detectan en pleno enero. “Durante 2024 no hubo silencios epidemiológicos. En provincias como Formosa, el dengue continuó circulando incluso en meses de bajas temperaturas”, explicó la Dra. Susana Lloveras, infectóloga y docente de la Facultad de Medicina de la UBA.
Según la especialista, este fenómeno responde a una combinación de factores como la urbanización desordenada, el aumento sostenido de las temperaturas y una mayor variabilidad climática. Estas condiciones favorecen la proliferación del mosquito Aedes aegypti y su expansión hacia regiones donde antes no estaba presente. Hoy, incluso la región centro del país presenta características propias de climas tropicales o subtropicales, lo que incrementa el riesgo de transmisión.
Las Enfermedades Tropicales Desatendidas comprenden un amplio grupo de patologías causadas por virus, bacterias, parásitos y hongos, que afectan de manera desproporcionada a poblaciones vulnerables. En Argentina, además del dengue, persisten otras ETD como Chagas, leishmaniasis, hidatidosis, lepra, sarna, rabia y enfermedades parasitarias transmitidas por alimentos. Si bien muchas de ellas no cuentan con vacunas, otras sí pueden prevenirse mediante inmunización, lo que refuerza la importancia de sostener y mejorar las coberturas.
“El cambio climático está alterando los escenarios epidemiológicos y nos obliga a replantear las estrategias de prevención, sobre todo frente a enfermedades inmunoprevenibles”, señaló la Dra. Analía Urueña, infectóloga y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE). En ese sentido, subrayó que la consulta con el equipo de salud resulta clave para evaluar la indicación de vacunas según edad, antecedentes y nivel de riesgo.
Uno de los principales focos está puesto en el dengue. Además de las medidas clásicas de prevención —como el descacharrado, la eliminación de agua estancada y el uso de repelente—, los especialistas destacan el rol de la vacunación como estrategia complementaria. La vacuna tetravalente contra el dengue, aprobada por la ANMAT para personas mayores de 4 años, mostró en estudios recientes una protección sostenida de hasta siete años frente a los cuatro serotipos del virus, tras completar el esquema de dos dosis separadas por 90 días.
La evidencia científica disponible respalda un perfil favorable de seguridad y eficacia, especialmente para prevenir formas graves de la enfermedad y hospitalizaciones. “El esquema de dos dosis ofrece una protección sostenida y puede coadministrarse con otras vacunas, como las de hepatitis A, fiebre amarilla, VPH, antigripal o COVID-19, sin afectar la respuesta inmune”, explicó la Dra. Lloveras.
Un documento técnico elaborado por sociedades científicas como la SADI, SAVE, SLAMVI y SADIP, coordinadas por la Universidad Isalud, concluyó que la vacuna es efectiva para prevenir dengue virológicamente confirmado y sus complicaciones más severas, en particular las asociadas a los serotipos DEN-1 y DEN-2. No obstante, los expertos aclaran que aún existen algunas incertidumbres en personas sin infección previa por dengue frente a determinados serotipos, lo que refuerza la necesidad de una indicación individualizada.









