El Malbrán inauguró un laboratorio para fortalecer la detección de brotes de enfermedades transmitidas por alimentos

Por Redacción Curar con Opinión

La Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS) Malbrán puso en funcionamiento un nuevo edificio destinado a fortalecer la vigilancia, el diagnóstico y la investigación de enfermedades transmitidas por alimentos y agua contaminada. El espacio demandó una inversión de 295 millones de pesos y busca mejorar la capacidad de respuesta ante brotes que pueden afectar la salud pública.

El nuevo laboratorio cuenta con una superficie de 540 metros cuadrados y está integrado por un equipo multidisciplinario de 30 profesionales, entre bioquímicos, biólogos, biotecnólogos, licenciados en alimentos, bioinformáticos, técnicos y personal especializado. Desde allí se desarrollarán tareas de detección temprana, caracterización de microorganismos y generación de información clave para prevenir la propagación de enfermedades.

Las instalaciones reúnen tres áreas estratégicas del Malbrán. El Servicio de Bacteriología Sanitaria trabaja en el diagnóstico y vigilancia de patologías como botulismo, campilobacteriosis, leptospirosis e infecciones por Clostridioides difficile. El Servicio de Enterobacterias es referente nacional en salmonelosis, shigelosis y otras infecciones causadas por enterobacterias, mientras que el Servicio de Fisiopatogenia se especializa en infecciones por Escherichia coli diarrogénica, Staphylococcus aureus y en el estudio del Síndrome Urémico Hemolítico (SUH).

Estos servicios integran la Red Nacional de Diarreas y Patógenos Bacterianos de Transmisión Alimentaria y participan como centros de referencia de PulseNet América Latina y el Caribe para la vigilancia genómica de estos microorganismos.

El laboratorio incorpora equipamiento de alta complejidad, como sistemas de PCR convencional y en tiempo real, secuenciadores genómicos, extractores automáticos de ADN, lectores de ELISA, plataformas de diagnóstico molecular, cabinas de bioseguridad y herramientas bioinformáticas. Estas tecnologías permiten identificar con mayor rapidez los agentes responsables de los brotes y mejorar la respuesta epidemiológica.

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