El sobrepeso se comienza a combatir en el desayuno
Por Dr. Daniel Cassola
Según estadísticas oficiales el 30 por ciento de los chicos bonaerenses presenta algún tipo de sobrepeso, mientras el 16 por ciento está en la obesidad. La manera más efectiva de cambiar esta realidad es modificando conductas y adquiriendo hábitos saludables. Según recomiendan los nutricionistas, una de las cuestiones básicas es desayunar correctamente.
Desayunar bien previene ingestas copiosas, mal elegidas y desorganizadas durante el resto del día. De este modo, se pueden prevenir la obesidad y otras enfermedades a futuro, como la anemia, la diabetes o la hipertensión.
El desayuno repone la energía perdida tras las horas de sueño, un promedio de ocho sin ingerir ni un bocado. Y al mismo tiempo prepara el cuerpo para la demanda que se viene. Los chicos tienen mayores exigencias nutricionales porque están en crecimiento y además muchos se levantan y van a la escuela o a hacer alguna actividad física. El desayuno cumple la función de darles energía para responder a la demanda física e intelectual.
Muchos chicos y adolescentes saltean el desayuno y esto es un problema porque se trata de la comida más importante del día, que aportará energía para aumentar la concentración, la memoria, la capacidad física y mental ya sea para jugar, hacer deportes o aprender.
Un desayuno ideal debe contener cuatro elementos esenciales: lácteos descremados (puede ser yogur o leche), un aporte de proteínas (puede ser un queso, por ejemplo), fibras (cereales o pan) y fruta (nos dan nutrientes y vitaminas).
Para cumplir con estas pautas y conductas los especialistas recomiendan que esta información comience a difundirse desde la escuela. Trabajos realizados muestran que se puede estimular hábitos saludables con intervenciones en el ámbito educativo. En particular, han demostrado ser más efectivas aquellas iniciativas que se extendían en el largo plazo y las que se acercaban además al núcleo familiar.
Las intervenciones escolares han demostrado mejoras sobre conocimiento de salud y los comportamientos saludables asociados. Sirven, por ejemplo, para inculcar el consumo de agua como hábito saludable. Según estudios realizados en Alemania, el aumento en el consumo de agua reduce la obesidad en un 31 por ciento de los casos.
Estamos en una época en la que abundan los estímulos comunicacionales que alientan a los chicos al consumo de productos con azúcares y grasas saturadas. En este marco, volver a dar pautas de nutrición en la escuela y fomentar cuestiones tan simples como un desayuno equilibrado, es hacer salud.

